Halford: Resurrection, el regreso del mesías al heavy metal

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Rob Halford es una de los músicos más importantes de la historia del heavy metal, de eso no hay duda alguna. El mundo del cuero, tachuelas y las poses de machote le deben muchísimo al vocalista de Sutton, que a sus 67 años de edad sigue demostrando sobre los escenarios que gran parte de lo que ahora conocemos, es culpa suya. Y jamás podremos agradecerle tantísimo, como no podremos hacerlo por Black Sabbath, Rainbow, Led Zeppelin, Iron Maiden, Motörhead y una retahíla de bandas que han perfeccionado el sonido del metal y han influenciado a tantas generaciones de bandas posteriores.

Halford había lanzado Voyeurs, el primer y único álbum del dueto industrial Two que fundó junto a John Lowery, más conocido como John 5 (Marilyn Manson, Rob Zombie). El experimento industrial duró más bien poco, en esos escasos dos años publicaron su único disco y debido a las escasas ventas y el poco interés que suscitaba en el vocalista, la banda se disolvió.

Halford no encontraba su lugar tras la salida de Judas Priest. Probó suerte con Fight, el primer proyecto del vocalista enfocado a un metal más extremo, con tintes de industrial en el que contaba con la colaboración de Scott Travis, entonces batería de Judas Priest. La banda además estaba compuesta por Russ Parrish, un desconocido guitarrista que hasta entonces había grabado únicamente un disco con War & Peace, titulado «Time Capsule» y que ahora goza de gran éxito por formar parte de Steel Panther, aunque ahora su seudónimo es Satchel y ha dejado de lado su faceta más groove. La banda la completaban un desconocido y hasta la fecha retirado Jay Jay Brown al bajo y Brian Tilse a la guitarra, ambos procedentes de Cyanide, una banda de Ohio que había publicado un único álbum en 1989 titulado «Sleaze Queen«.

Con Fight editó dos discos, el debut y excelente «War Of Words» y «A Small Deadly Space«, de 1993 y 1995 respectivamente. Pese al crudo sonido de la banda, Halford decidió desarmarla y probó suerte con Two, pero la cosa no fue mucho mejor.

Quizá era el momento de plantearse algo más acorde a su sonido, así que reunió a Patrick Lachman y Metal Mike Chlasciak a las guitarras, Ray Riendeau al bajo y Bobby Jarzombek a la batería.

Muchos de los músicos contratados pueden parecer algo desconocidos, pero la verdad es que el vocalista se rodeó de un buen equipo para grabar su álbum debut. Patrick Lachman formó parte de Dr. Mastermind, grabó la única demo de State Of The Art y más tarde fue vocalista de Damageplan, la banda formada por los hermanos Abbott (Pantera).

Ray Riendeau había formado parte de 2WO y Dirty Blonde, además de haber formado parte de Halford durante sus dos álbums de estudio y haber girado con el vocalista grabando el directo «Live Insurrection«. Actualmente es bajista del proyecto en solitario de James LaBrie, vocalista de Dream Theater.

Bobby Jarzombek a su vez había formado parte de Spastic Ink, una banda de metal progresivo técnico de Texas. Además, es miembro de Fates Warning desde 2007 y además forma parte de Arch/Matheos, proyecto de John Arch y Jim Matheos, vocalista y guitarrista originales de Fates Warning.

De Metal Mike Chlasciak podemos hablar muchísimo debido a su trayectoria como músico, pero enumeraremos únicamente algunas de las bandas más reconocidas por las que ha pasado el músico, entre ellas los titanes del thrash Testament, Sebastian Bach, Painmuseum o su propia banda Metal Mike.

Así pues, con toda esta variedad, Halford decide armar su último intento por regresar al heavy metal más clásico, que ayudó a definir en la década anterior y acaba publicando «Resurrection«, un álbum que bien podría formar parte de la discografía de Judas Priest pero que tiene un sonido renovado, quizá algo que aportó la diversidad de músicos con los que estaba trabajando.

En esa época Judas Priest estaba a punto de recibir uno de los varapalos más duros de su carrera con la publicación de Demolition el año siguiente, pero eso vendría más tarde. Halford atacaba con su álbum debut resucitando a la bestia que él mismo había creado y poniendo un listón muy alto que difícilmente podrían superar sus compatriotas de Birmingham, entonces liderado por el vapuleado Tim «Ripper» Owens.

Únicamente se seleccionaron dos sencillos extraídos del debut. El primero de ellos fue «Night Fall«, un tema algo flojo para haberse publicado como adelanto, pero efectivo por su sencillez y por devolver al vocalista a su lugar.

Con «Resurrection» ocurrió justo lo que todos esperaban. El vocalista demostró que sigue en la música porque él es parte de la música. Una voz rasgada y aguda, casi rejuvenecida; unas guitarras afiladas y rápidas, una batería de infarto y mucha, mucha mala leche. Halford publicó el que, hasta la fecha, es uno de los mejores temas del vocalista.

Si tuviésemos que definir el heavy metal como tal, no dudaría en absoluto. Cualquier tema de éste álbum o de la época dorada de Priest sería el adecuado, no hay vuelta de tuerca.

Muchos dirán que es osado comparar la carrera de Priest, extensa como pocas y de gran calidad con la breve historia de Halford, pero hay que admitir que sin el regreso del vocalista a su terreno, no sabemos qué hubiese sido de los sacerdotes.

Cañonazos como «Slow Down«, «Savior» o la enorme «Cyberworld» son temas que deberían sonar de forma continuada en la vida de cualquier amante del buen heavy metal.

Es muy probable que la producción de Bob Marlette, que ha producido algunos de los grandes lanzamientos más olvidados de artistas relacionados como Alice Cooper, Anvil o Tommy Iommi diese un soplo de aire fresco al sonido de la banda. Además asumió parte de las tareas de composición del álbum.

Otro de los puntos adicionales es la participación de Bruce Dickinson (Iron Maiden) y Pete Parada (Face To Face) en «The One You Love To Hate» como vocalista y batería respectivamente. Roy Z (Bruce Dickinson) también participa como guitarra adicional.

En conclusión hay que admitir que pese a no ser un disco redondo, es el regreso de Halford por la puerta grande al mundo del metal clásico. Estuvo vagando por otros senderos durante unos años, buscando quizá alejarse de lo que tantos años había ayudado a levantar y que ahora caminaba solo. Pero como buen padre que cuida de sus hijos, sintió el deber de volver a casa y seguir vigilando a su creación, así vio la luz el tremendo «Resurrection» en verano del 2000, con una portada molona y mucha mala hostia.

Gracias, Halford.

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