Death Angel: Crítica de «Humanicide» (2019)

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En la Bay Area se coció uno de los movimientos que cambiaría la historia de la música metal para siempre. Nombres como Metallica, Anthrax o Slayer son un ejemplo de bandas que saltaron a la escena metal mundial con un sonido nunca visto: el thrash. En la Californa de los 80 también hubo otras bandas que se dedicaron en cuerpo y alma al thrash metal, y que consiguieron reconocimiento internacional, aunque pasando más desapercibidos, como Testament, Exodus y, cómo no, Death Angel.

Death Angel fueron tan pioneros del thrash como los titanes ahora conocidos como The Big 4, aunque llegado cierto momento Mark Osegueda y sus chicos quedaron en segundo plano para el disfrute para un público más selecto y alejado de las masas.

Treinta años de carrera, cambios de formación, disolución de la misma banda y ocho álbumes de estudio después han llevado a Death Angel a crear una nueva obra. Bajo el nombre de ‘Humanicide’ nos presentan un nuevo disco sustentado en once cortes de puro thrash al estilo Death Angel que, cualquiera que se preste a escucharlos, se dará cuenta de las sutiles pero importantes diferencias entre su estilo y el de otras bandas que predican el thrash.

Nada más comenzar topamos con la primera canción y la que le da nombre al disco. «Humanicide» arranca con los punteos de guitarra, seguida de un riff a contrapúa a velocidad vertiginosa y damos por iniciado el disco a partir del grito desgarrado de Osegueda. Pasada la primera mitad del tema parece que bajan un poco las revoluciones pero no la potencia, y solo momentáneamente, pues la guitarra vuelve a la carga con un solo corto pero eficaz. Tal como esta termina empieza «Divine Defector«, con las guitarras entonando el riff principal. En esta ocasión apreciamos el uso desmesurado (en el buen sentido) del doble bombo, de blast beats aplastantes y de un Mark Osegueda que fuerza la voz a más no poder.

Es un inicio muy poderoso, a lo mejor más de lo que esperábamos para una banda que alguna vez han sido acusados de perder la esencia.

«Agressor» entra suavemente para explosionar segundos después. Este es uno de esos temas en que se aprecia la diferencia entre el concepto del thrash metal que comúnmente se tiene, y el estilo que Death Angel han ido cultivando a lo largo de su carrera.

La cuarta canción que hallamos en el ‘Humanicide’, tras un efímero redoble de caja, es «I Came For Blood«, muy cañera pero poco memorable entre la calidad de los temas anteriores y los que vienen a continuación. Dicho y hecho, «Immortal Behated» es una obra de arte de la cabeza a los pies, y va mucho más allá de lo que entendemos como metal. El uso final del piano con un dócil acompañamiento de la guitarra acústica y el sonido de la guitarra eléctrica como un eco lejano le da ese toque de sublimidad que la convierten en más que una canción para hacer headbanging. Por otro lado, «Alive And Screaming» representa la otra cara de la moneda: grandes dosis de thrash para el regocijo de los amantes del Death Angel más extremo y crudo.

Saltamos a «The Pack«, de inicio instrumental pero no por eso menos potente. En esta ocasión la batería opta por un ritmo más sencillo y marcado y, junto a las virguerías de Rob Cavestany a la guitarra, lo coronan como uno de los temas con más potencial del álbum. Seguidamente hay «The Ghost In Me«, donde el doble bombo recobra el protagonismo y se derrocha agresividad en cada nota y en cada palabra. Esta canción cuenta con espacios donde los instrumentos pueden dar rienda suelta a su musicalidad. Después de que esta corte en seco entramos en la recta final del disco con «Revelation Song«, que goza de un sonido un tanto diferente al que estamos acostumbrados, no se sabe si mejor o peor, pero se agradece un toque de innovación por parte de una banda que está más que curtida, con experiencia, y que se siguen poniendo a prueba a pesar de todo.

«Of Rats And Men» es el penúltimo tema y está dotado de rasgueos de guitarras ejecutados a la velocidad de la luz. A parte de eso, no puede considerarse destacable.

El punto y final de ‘Humanicide’, concebida como un bonus track del mismo es «The Day I Walked Away«.

En conclusión, no se puede negar que el disco con el que nos obsequió Death Angel el pasado mes de mayo tiene calidad. Lo decimos por su sonido, su ejecución y su concepción. A pesar de todo, y es de suponer que tras años de creación musical la creatividad termina por escasear, se echa en falta un poco de variedad en cuanto a las estructuras de las canciones se refiere. Es decir, al escuchar el disco nos percatamos de que numerosas canciones están compuestas por una introducción dominada por las guitarras, seguida de los otros instrumentos, que se añaden a la mezcla, y que finalmente termina con Osegueda cantando las estrofas. Un rato después vienen los solos y vuelven todos a la carga para finalizar el tema. No malinterpretemos, estas estructuras funcionan a la perfección, pero no deja de ser más de lo mismo de siempre. Ahora sí, para finalizar y, en mi opinión, me recuerda al Death Magnetic de Metallica. No por su estilo o sonido, sino porque no se puede decir que sean malos, de hecho, personalmente me gustan, pero siguen sin ser comparables con otras obras más tempranas de sus mismos creadores.

Texto: Marina Salcedo.

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