La pesadilla de Alice Cooper cobra vida en Barcelona: Crónica de Black Stone Cherry y Alice Cooper (08/09/2019)

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«Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar.«

El Cuervo (Edgar Allan Poe, 1845)

Hablar de Alice Cooper es, sin lugar a dudas, hablar de una de las figuras más importantes del shock rock y del hard rock. El artista de Detroit, de 71 años de edad, sigue en plena forma y más vivo que nunca, aunque haya disfrutado en innumerables ocasiones de su muerte sobre el escenario.

El artista ha lanzado 27 discos de estudio hasta la fecha, una exuberante cifra entre la que se encuentran grandes obras como el seminal «Welcome To My Nightmare» (1975), «Killer» (1971) y algunos de sus álbumes más recordados de la década de los ochenta como el trabajado «Trash» (1989).

Aunque su carrera musical ha sido bastante fructífera a lo largo de los años, gran parte de sus clásicos vieron la luz durante la década de los setenta, llegando incluso a publicar dos discos en un mismo año, como es el caso de «Love It To Death» y «Killer» en 1971 o «Billion Dollar Babies» y «Muscle Of Love» en 1973. Los ochenta supusieron un pequeño cambio en la dirección musical del artista, publicando discos que abrazaban el pop rock y la new wave como punto neurálgico sin llegar a abandonar el hard rock. Pero la segunda mitad de los ochenta trajo consigo el regreso del rock más duro con «Constrictor» o el infravalorado «Raise Your Fist And Yell«, de 1986 y 1987 respectivamente, alcanzando el punto álgido de su carrera con el imperecedero «Trash» en 1989.

Y anoche fue una noche para recordar, una de esas que pasará a la historia para muchos de los que allí estuvimos presenciando ese abismal mundo que puebla la mente de Alice Cooper, el alter ego de Vincent Damon Furnier.

Los encargados de abrir la velada fueron Black Stone Cherry, una banda de hard rock estadounidense procedente de Edmonton (Kentucky) que, con una puesta en escena muy variopinta y una amplia combinación de géneros supo caldear el ambiente hasta límites insospechados gracias a la actitud de los músicos que componen sus filas y una retahila de efectivos cañonazos que hicieron bailar a todos los que allí nos encontrábamos a las ocho de la tarde de un domingo cualquiera tras la vuelta de vacaciones.

Los de Kentucky llevan casi veinte años en el ajo y saben muy bien lo que hacen, pero lo más importante es que viven el momento y viven la música que están interpretando, un elemento muy importante que gran cantidad de bandas debería tener muy en cuenta en la actualidad. Llevan girando desde principios de este año y pese a la friolera de 71 fechas que han tocado hasta el momento, la banda se mantiene fresca y enérgica sobre las tablas.

Un claro ejemplo de su vitalidad es la de su guitarrista, Ben Wells, un nervio sobre el escenario que no dejó de animar en ningún momento correteando de lado a lado y levantando a un público que de entrada se mostraba algo frío, pero que fue levantándose poco a poco.

Pero si tenemos que hablar de energía, tengo muy claro que ese puesto es para su batería, John Fred Young, un monstruo con las baquetas, que estuvo aporreando sin piedad su batería desde el mismo momento en que se sentó sobre su taburete. Young supo combinar un estilo agresivo con buena técnica y una ejecución limpia y ecléctica, aunando el lado más macarra de su pose con la caballerosidad que encontramos en sus composiciones.

El cuarteto — sexteto si tenemos en cuenta el teclista y el percusionista adicional que les acompañan — supieron entregar un buen listado de cortes rápidos y enérgicos como «Me And Mary Jane» o «Lonely Train«, aunque algunas de mis favoritas fueron, sin lugar a dudas, «White Trash Millionaire» y «Family Tree«, con la que cerraron una maravillosa actuación que esperamos volver a recibir pronto por estas tierras con más tiempo y un setlist completo.

Tuvimos que esperar poco más de media hora para que las luces se apagaran y empezara a sonar «Years Ago«, la mítica introducción de «Steven» que encontramos en el primer álbum en solitario del vocalista, «Welcome To My Nightmare» (1975).

La gente fue preparándose para lo que estaba por llegar mientras observaba el telón que cubría todo el escenario con unos gigantescos ojos negros vigilando al respetable, marca de la casa. El juego de luces estuvo muy acertado, pero no fue hasta el momento en que escuchamos la introducción de «Feed My Frankenstein» que la gente no se volvió completamente loca. El telón cayó mientras la atronadora batería nos daba la bienvenida a la pesadilla del gran Alice Cooper, momento en que sus secuaces aprovecharon para retirar el telón del suelo.

Fue un comienzo apoteósico, apostando por un tema movido y bastante conocido, con el que pusieron patas arriba el Sant Jordi Club. Siguió de cerca «No More Mr. Nice Guy«, el primer clásico de la noche. El público enloqueció por completo y la banda devolvió esa energía elevada al máximo exponente.

Llegó el turno de «Bed Of Nails«, uno de los grandes esperados de la noche para un servidor. Dicho tema, perteneciente al seminal «Thrash» (1989) dejó de tocarse en vivo tras la gira de presentación de dicho álbum en 1990 y se ha interpretado en contadas ocasiones en los treinta años siguientes hasta que se ha recuperado en esta gira. Como era de esperar, y tras un arranque de infarto, el público seguía en un éxtasis constante, aunque era de esperar con un tema que evoca tanta sensualidad como este.

«Raped And Freezin’» y «Fallen In Love» fueron los dos siguientes cañonazos que dejaron ir a continuación, dos de sus temas más clásicos que fueron celebrados con gran deleite por parte del respetable, temas que nunca fallan en directo y que seguramente habrán acompañado a muchos de los asistentes más mayores que poblaban el Sant Jordi Club.

Uno a uno fueron despellejado cada uno de los temas que componían el setlist de esa noche, idéntico al de la noche anterior en Madrid, orquestado por el maestro de ceremonias, el gran Cooper como eje central, pero acompañado de unos musicos, como siempre, excepcionales. Nos dejamos llevar con «Muscle Of Love» y «I’m Eighteen«, himno que forma parte de la historia de la música y que ha marcado a varias generaciones, uno de esos temas que nunca envejecerá por mucho que pasen los años.

Con «Billion Dollar Babies» dejaron a un lado la mítica espada en la que Alice Cooper ensarta una descomunal cantidad de billetes para dejar paso a un cañón, encargado esta vez de repartir los billetes entre el público junto a una cantidad de confetti bastante tolerable, lo más grande se lo reservaban para el final.

Y llegó uno de los momentos más esperados de la noche, el clásico «Poison» se abrió camino tras un bestial solo a cargo de la virtuosa Nita Strauss. Si hay algo que ha caracterizado bien a Alice Cooper es el buen gusto que tiene por los músicos que le acompañan, pero pocos podrán poner en duda que Strauss es, posiblemente, uno de los mejores guitarristas que la banda haya tenido hasta la fecha.

El público empezó a derramar sus lágrimas con la sensual «Poison» mientras Cooper iba escupiendo una a una las frases del imperecedero himno que lleva pululando por las emisoras de radio desde el momento de su publicación.

Si no habíamos tenido suficiente con la anterior introducción, Strauss despejó la pista para deleitarnos con otro solo de guitarra, esta vez más extenso y de carácter más rudo, pero más tarde comprendí el motivo. Strauss nos estaba preparando para lo que estaba por llegar, uno de los temas que más deseaba ver en directo desde la primera vez que escuché su injustamente olvidado «Raise Your Fist And Yell» (1987).

Como un ciclón arrancó ese olvidado «Roses On White Lace«, uno de los grandes protagonistas de la noche. Hasta la fecha, sigue siendo uno de los temas más maltratados de toda su discografía. Suena rápido, furioso y con mucha garra, pero parece que muchas veces se queda en el tintero y no tiene oportunidad de lucirse en directo, pero ha visto su momento durante este «Ol’ Black Eyes Is Back» tour. Han tenido que pasar treinta y un años para que vuelva a formar parte de su setlist y, sin duda, ha sido una de las mayores apuestas de la banda, de esas en las que te la juegas a todo o nada, en este caso saliendo airosos, aunque muchos de los asistentes desconociesen dicho tema.

Tras el experimento volvieron a la carga con «My Stars» y a continuación empezaron a juguetear con varios temas en formato medley en los que el vocalista se retiró para dar protagonismo a los portentosos músicos que le acompañan en su pesadilla con «Devil’s Food» y un fragmento instrumental de «Black Widow» con un solo de batería de «Black Juju» incluido.

La última parte del show vino de la mano de «Steven«, momento en que el vocalista es obligado a vestir una camisa de fuerza mientras interpreta dicho clásico. Acto seguido se libera para raptar un bebé e inicia el ritual de sacrificio con «Dead Babies» para ser capturado finalmente antes de cometer el homicidio, siendo condenado a muerte y guillotinado a continuación. Tras retirar el cuerpo, el vocalista aparece con su decapitada cabeza en la mano mientras todos corean el celebrado «I Love The Dead«.

Tras vencer a la muerte, se aventuran con «Escape» para dar paso al olvidado «Teenage Frankenstein«, otro de esos grandes y disfrutables cortes que parieron en los ochenta y que parecen haberse olvidado por el camino durante estas últimas décadas. Como curiosidad, el tema que abre «Constrictor» (1986) se dejó de interpretar en directo en 1987 y fue recuperado brevemente en 2001, quedando olvidada de nuevo hasta este mismo año.

La banda se despide brevemente y el público vitorea su nombre, pero aún quedan algunos cartuchos por disparar y la banda regresa con un «Under My Wheels» rápido y desenfadado, levantando aún más a un público que parece no saciarse nunca.

Finalmente llega la hora de poner el colofón final y la banda lo hace por todo lo alto, con la grandiosa «School’s Out«, uno de esos temas atemporales que parecen no envejecer con el paso del tiempo y que sigue sonando tan fresca como la primer vez que la escuchamos. En el tramo final se aventuran con una breve interpretación de «Another Brick In The Wall, Pt. 2» (Pink Floyd) para presentarnos a toda la banda.

Hora y media de directo, el nivel de adrenalina por las nubes y pocas ganas de volver a casa. Así termina una noche de puro rock and roll, de esas noches mágicas en las que el tiempo parece detenerse y en las que conseguimos incluso viajar al pasado, recordando aquellos tiempos en los que parecía no importar nada y cuya única preocupación era saber si aquel tema de Alice Cooper cabría en esa cara del cassette o se cortaría a medias.

¿Faltaron clásicos? Por supuesto, siendo egoísta podría decir que como mínimo me habría contentado con otra hora y media más de directo, habría incluido «Go To Hell«, «Elected«, «Only Women Bleed«, la versión completa de «Black Widow«, varios temas de «Brutal Planet«, algo de «The Last Temptation«, el tema título de «Hey Stoopid» o medio «Trash«, pero Alice Cooper tiene ya 71 años, que no es moco de pavo. Mi único deseo tras su maravilloso directo es poder verle una cuarta vez.

Texto: Mario Marín.

Fotos: Sara Martín.

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