El rostro del Voivoda: Celebramos el 30º aniversario del magistral «Nothingface» de Voivod

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Hacía ya unos días que quería repasar el quinto álbum de estudio de los canadinses Voivod pero no había manera de encontrar el momento adecuado, así que coincidiendo con su decimotercer aniversario, creo que es el momento perfecto para desempolvar el álbum que camiaría la dirección del cuarteto de Jonquière hasta límites insospechados.

Voivod es una de las bandas más especiales de aquella década y sigue siendo una de las más adelantadas a su tiempo, siendo pioneras en la fusión de algunos géneros y legando a explorar territorios que muchos ni podrían imaginar. En 1989 ya llevaban algunos años experimentando, mñas concretamente desde el lanzamiento de «Kiling Technology» en 1987, donde ya empezaban a alejarse de su fórmula inicial para introducir elementos de rock psicodélico y dejar a un lado el lado macarra con el que se presentaban en 1984 con «War And Pain«.

Tras el exitoso «Kiling Technology» deciden editar «Dimension Hatröss» justo un año después, donde ya empiezan a aflorar muchas de las técnicas progresivas y el uso de algunas estructuras más propias del rock ambiental de la década de los sesenta, presentando una música bastante contundente pero introduciendo algunas pinceladas de otros géneros en los que ya empezaban a navgar. De aquel «Dimension Hatröss» nacieron algunas joyas como «Macrosolutions To Megaproblems» o «Chaosmöngers«, temas muy propios de los canadienses pero con fuertes influencias de bandas como Pink Floyd u otros artistas de similar envergadura y de sonido más rebuscado.

Tras haber grabado el mítico cassette en directo «A Flawless Strcture?» en el Spectrum en diciembre de 1988 deciden poner en marcha el que será su quinto álbum de estudio, que más tarde sería bautizado «Nothingface«. El álbum se grabó finalmente en los Victor Studios de Montreal y fue producido por Glen Robinson y Steve Sinclair. El primero había producido algunos discos de The Ramones o Beach Boys hasta la fecha, aunque actualmente se le reconoce como uno de los responsables del éxito de «Nothingface«. Sinclair trabajaría con os canadienses durante este álbum y el siguiente, «Angel Rat«.

Ya de entrada nos presentan una portada bastante diferente a lo que nos tenían acostumbrados hasta el momento. Dejan a un lado a Korgull, la mascota cyborg que protagonizaba algunas portadas y diseños de arte de la banda para mostrarnos un extraterrestre con una expresión bastante indiferente que está conectado a algunos armatostes de posible origen espacial además de una extraña criatura de forma humanoide en la esquina superior derecha. Uno de los cambios importantes es el uso de una fuente alternativa para el nombre de la banda, siendo aquí más simple y directa ¿Una declaración de intenciones? Es muy probable, quizá estaban hartos de hacer siempre lo mismo y decidieron darle un lavado de cara a su estilo visual.

El disco ya empieza con «The Unknown Knows«, un tema largo que cuenta con una introduccion a base de ruidos extraños, una característica que está presente en todos los discos de la banda hasta la fecha. Cuando el tema arranca es cuando empezamos a ver por dónde van los tiros. Aquellos Voivod gritones y enfadados han evolucionado, ahora hacen música más trabajada y sus letras van más allá, nunca mejor dicho. Los canadienses le han pillado el gustillo a esto de los alienígenas y quieren seguir exprimiendo el vasto universo de las dimensiones paralelas y las tribus espaciales.

Sigue el álbum con la homónima «Nothingface«, un tema que va más allá todavá y coquetea de lleno con el rock psicodélico y el rock progesivo, combinando elementos de ambos estilos con el alma de los Voivod más desenfadados. La explosiva mezcla nos deja con uno de los mejores temas de la banda en el que demuestran que su propuesta es sólida y trabajada, haciendo gala de sus habilidades como compositores.

Si ya de por sí el álbum tenía un aroma bastante progresivo desde que lo hemos sacado de la caja, llega el momento de alzar las manos y llevárnoslas a la cabeza. Los canadienses introducen su primera versión en la tercera pista del álbum, pero no se conforman con un corte normalito de la radio, no, se van a los más grandes. Voivod se atreve con una magnífica versión del «Astronomy Domine» de los británicos Pink Floyd, otros grandes genios de la música adelatados a su tiempo. Pero aún hay más; estamos hablando de uno de los cortes más bizarros de su discografía, perteneciente a su debut «The Piper At The Gates Of Dawn» (1967). Piggy realiza un magistral trabajo a las seis cuerdas con un Snake totalmente volcado en la psicodelia de un tema de tal magnitud, donde sobresale por su capacidad vocal y la cantidad de registros que es capaz de presentar en un álbum.

Y por si aún no hemos tenido bastante de su locura psicodélica, el cuarteto nos deleita con otros cortes como la interesantísima «Inner Combustion» o la trabajada «Missing Sequences«, dos temas de lo más variopintos en los que encontramos varias pistas del sendero que recorrerían los canadienses durante los años venideros, que quizá no fueron los más imortantes de su carrera pero desde luego fueron de lo más interesantes.

Cerrando el álbum encontramos no uno de los mejores temas del disco, sino uno de los mejores temas de toda su carrera. «Sub-Effect» es un pequeño diamante en bruto que se esconde en este pedazo de álbum que muchos no supieron entender y que, desgraciadamente, siguen sin saber entender. Los cambios de ritmo, la caótica estructura, la repetición de varios riffs y las líneas de bajo de Blacky son espectaculares, pero no podemos desmerecer al gran Away a las baterías, genio oculto en las filas de los canadienses que se ha encargado siempre de los diseños de arte y los logos de la banda, siendo además uno de los principales compositores de Voivod.

Gracias a lanzamientos como «Nothingface» podemos decir que 1989 fue, sin duda alguna, un año de grandísimos lanzamientos y de buena música. Voivod sobresale con su quinto disco de estudio y se consagra como una de las bandas más importantes de la década, aportando a la música mucho más que la mitad de bandas que pululaban por la escena en aquel entonces y que a día de hoy han desaparecido para no volver jamás. Los canadienses siguen al pie del cañón, aunque han pasado por momentos muy jodidos, pero siguen haciendo lo que más les gusta, componer la música que ellos quieren hacer sin dar explicaciones a nadie.

En 1991 se pusieron a trabajar en «Angel Rat«, continuación espiritual de «Nothingface» con algunos elementos más cercanos al rock de la época, y en 1993 publicarían el que, para un servidor, es uno de lo más importantes e infravalorados disos de la banda, «The Outer Limits«, pero eso es otra historia.

Texto: Mario Marín.

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