El Sabor de la Divinidad: Se cumplen diez años del lanzamiento de «A Taste Of Extreme Divinity» de Hypocrisy

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El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos, o sus oscuras puertas atrancadas.” de Stanislaw Lem («Solaris»).

Hace un par de días volvía a pinchar «A Taste Of Extreme Divinity«, onceavo álbum de estudio de los suecos Hypocrisy, una de mis bandas predilectas de metal extremo y de esas que han cumplido siempre con creces en cada uno de sus trabajos. El que hoy nos ocupa, que no es ni por asomo el más conocido de su carrera, es el penúltimo lanzamiento de los suecos hasta la fecha, que cumplió diez años de vida hace un par de días, que se dice pronto.

Hypocrisy ha sido una banda que me ha fascinado siempre, ya sea por su primera etapa más alocada y extrema o por la temática alienígena, conspirativa o por hacer del death metal un lugar mejor con su mezcla de géneros. El caso es que «A Taste Of Extreme Divinity» pasó bastante desapercibido y poca gente recuerda un álbum tan sólido como este que hoy tengo entre manos.

La banda de Peter Tägtgren, que se estableció como Hypocrisy en 1991 tras darse a conocer como Seditious entre 1988 y 1991, empezó sus andadas en el death metal más puro con la brutal demo «Rest In Pain» de 1992 y debutó en el estudio con el magistral «Penetralia» en 1992. Al año siguiente publicaron «Osculum Obscenum«, segundo disco de estudio que mantenía la misma línea de su debut pero a la vez sería el último disco en el que Masse Broberg participaría como vocalista, ya que en 1994 veía la luz «The Fourth Dimension«, primer disco en que el propio Tägtgren se encargaba de las guitarras y la voz junto a Mikael Hedlund, bajista, y Lars Szöke a la batería.

Ya en «The Fourth Dimension» se apreciaba un ligero cambio de estilo en el que dejaban a un lado el death metal y el satanismo para poner en práctica un death metal más melódico, género que empezaba a cocerse a fuego lento por algunos países del norte de Europa y que parecía estar teniendo acogida entre los seguidores más jóvenes, quizá algo saturados del sonido crudo y directo del death metal puro. Pero no es hasta la publicación del grandísimo «Abducted» (1996) que la banda no abraza el género y se aparta definitivamente de su primera y diferenciada etapa con Broberg a las voces.

A partir de este momento las teorías conspiranoicas, las abducciones extraterrestres y las visiones sobre la Nueva Orden Mundial se volvió un tema recurrente en las letras del trío, que ha estado siempre liderado por Tägtgren y Hedlund. Durante la última recta de la década de los noventa y el primer lustro del nuevo siglo publicaron varios lanzamientos muy interesantes como es el caso del su álbum homónimo de 1999 o el sideral «The Arrival«, entre otros grandes lanzamientos, pero siempre manteniendo un nivel de calidad óptimo y jugueteando con toda clase de experimentos que dotan a sus álbumes de un nivel compositivo exagerado. El bueno de Tägtgren es un musicazo como la copa de un pino, además de uno de los productores musicales más reputados.

Podría dedicar este artículo a alabar al gran Peter Tägtgren por sus cualidades y demás, pero sería demasiado farragoso y perdería todo el sentido, así que voy a volver al álbum que hoy nos ocupa. «A Taste Of Extreme Divinity» es el sucesor del entretenido «Virus«, puesto a la venta en 2005. Aquí fue el momento de bajar un poco el listón en cuanto a publicaciones se refiere y se tomaron cierto tiempo para componer y pulir su siguiente álbum tras el lanzamiento de «Virus«.

Tuvieron que pasar cuatro años para que la banda publicase su nuevo disco, pero la espera mereció mucho la pena. Entre tanto, la banda decidió entrar al estudio para re-grabar «Catch 22«, uno de sus discos más extraños y a su vez mágicos, pero de eso ya hablaremos en otro momento.

Hypocrisy entra en los Abyss Studios (Ludvika, Suecia) en diciembre de 2008 para grabar «A Taste Of Extreme Divinity«. La grabación del álbum se lleva a cabo en pocos días y se acaba mezclando allí mismo para ser masterizado en Black Lounge Studios (Grangärde, Suecia), aunque el álbum no se publicaría hasta el 23 de octubre de 2009, casi un año más tarde, a través del sello Nuclear Blast.

Como ya he dicho anteriormente, pese a ser un disco que no ha gozado de gran popularidad tiene grandes temas como «Alive» o la brutal «Global Domination«, temas que la banda ha interpretado en escasas ocasiones en directo y que deberían tener más peso en los setlist de la banda.

Sí que hay un gran tema que forma parte del álbum y que suele tener gran protagonismo en los setlist, y es uno de los singles del álbum del que además llegó a publicarse un videoclip. Estoy hablando de «Weed Out The Weak«, uno de los temas más pesados y contundentes del álbum, de esos que te golpean la cabeza con fuerza y desparraman tus sesos por el suelo. Sin duda, uno de los mejores temas de la banda y una perfecta carta de presentación para todos aquellos que jamás se hayan introducido en el mundo de la hipocresía.

Sin duda es uno de los temas que tiene más peso dentro del álbum y es innegable que la letra es perfecta para el trallazo que supone «Weed out The Weak». Aquí tenéis un breve ejemplo: «Just stab their hearts for nothing, your greedy souls scream in envy. Kill them all, release the anger. Weed out the weak, you don’t need them.«, que vendría a traducirse así: «Apuñala sus corazones sin motivo, sus almas codiciosas gritan de envidia. Matadlos a todos, libera la ira y elimina a los débiles, no los necesitas.«

Y después de todo, «A Taste Of Extreme Divinity» es un álbum disfrutable porque la propia combinación de temas es redonda y porque su duración, que es la estándar para estos discos de death metal melódico, es la justa y necesaria. No es demasiado largo ni tampoco destaca por su brevedad, el álbum dura 55 minutos y 15 segundos. Eso sí, son 55:15 minutos de puro éxtasis y deleite.

Otro de los grandes temas que forman parte de esta obra maestra es «Tamed (Filled with Fear)«, un tema rápido y oscuro en el que liberan toda su ira y además cargan contra la sociedad, que nos domina desde el amanecer de los tiempos. Sin duda, uno de mis favoritos de todo el álbum.

Después de esto tuvimos que esperar otros cuatro años para poder disfrutar de un nuevo capítulo de Hypocrisy con «End Of Disclosure» (2013), que hasta la fecha es el último de la banda. Pero eso es otra historia.

Texto: Mario Marín.

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