Tokyo Blade: «Dark Revolution» (2020, Dissonance Productions)

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Tokyo Blade

La NWOBHM ha sido, con toda seguridad, el movimiento más importante para la historia del metal. Como consecuencia del fuerte desempleo presente en los inicios de los ’80 en Inglaterra, muchos jóvenes estaban descontentos con su situación de marginalidad. Una miríada de grupos fueron floreciendo, influenciados por la semilla plantada por los legendarios Black Sabbath y Judas Priest, así como por la rabia del punk contemporáneo, siendo los Motörhead de Lemmy Kilmister el perfecto ejemplo de esta simbiosis entre ambos géneros de la contracultura.

Lo cierto es que muy pocas bandas de este movimiento consiguieron salir del underground y hacerse un nombre entre los grandes, destacando en especial clásicos como Iron Maiden, Saxon o Def Leppard. Sin embargo, el papel de estos grupos fue fundamental, ya que a raíz de esta ola florecieron con el tiempo varios subgéneros del metal: el thrash (Satan o Diamond Head), doom (Witchfinder General, Pagan Altar o Ritual), speed (Raven o Tysondog) o el black (Venom o Angel Witch, más en cuanto a la temática de algunas de sus letras que en el propio sonido).

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Foto promocional de la banda, durante los ’80.

Si bien está claro que Tokyo Blade no forma parte de este escaso grupo de privilegiados, su nombre es de sobras conocido por cualquier fanático del movimiento. Este grupo nos regaló en su etapa clásica dos álbumazos como su debut homónimo y Night of the Blade.

Después de separase en dos ocasiones y de sufrir múltiples cambios de formación, (incluyendo una versión americana del grupo), Andy Boulton, guitarrista líder y miembro fundador, resucitó de nuevo en 2007 la banda. De manera eventual, todos los integrantes de la formación clásica se han unido al proyecto y se nota una clara sincronía entre ellos. El 2011 lanzaron Thousand Men Strong, su primer álbum tras trece largos años del anterior, al cual más tarde le siguió Unbroken en 2018. Este viernes sale a la venta Dark Revolution, álbum sólido que mantiene el nivel de su predecesor, como veremos a continuación.

La formación actual. De izquierda a derecha: Wrighton, Boulton, Marsh, Wiggins y Pierce.

El álbum empieza cañero con Story Of A Nobody. Ya en esta primera canción, podemos disfrutar de las aguerridas guitarras de John Wiggins y del gran Andy Boulton, quien se marca un interesante solo. Seguimos con un tema algo más melódico, Burning Rain, si bien el grupo parece resistirse a perder pistonada. Resulta muy pegadizo su coro, algo que siempre ha sido uno de los puntos fuertes de esta clásica formación.

Una interesante introducción guitarrera nos presenta Dark Revolution. Esta composición no sé porqué me transmite un aura parecida a la de Balls To The Wall, temazo de Accept. Quizás por el hecho de que, incluso cuando la guitarra de Boulton parece haber bajado sus revoluciones, es el tema más potente del disco. Un auténtico puñetazo directo a la mandíbula.

The Fastest Gun In Town sigue el non stop en el cual nos quieren sumergir los de Salisbury. La carismática voz de Alan Marsh parece estar viviendo una segunda juventud, a juzgar por lo que escuchamos tanto en este álbum como en Unbroken, su igualmente genial anterior entrega de 2018.

La batería de Steve Pierce en el tema Truth Is A Hunter, transmite la sensación de encontrarnos ante una despiadada cacería. Tokyo Blade nos advierte de que nunca podremos escapar de la verdad, que nos cortará como si fuera el más afilado de los cuchillos. De lo mejorcito de este álbum.

Crack In The Glass presenta un interesante cambio de ritmo hacia la mitad de la canción, que desemboca en otro solo de guitarra de gran calibre. Perfect Enemy es quizás la canción más comercial de este LP, con influencias del AOR. Su accesible fórmula nos trae a la mente en cierta manera a la otros temas pegadizos, como el clásico Rock Me To The Limit de su álbum Night Of The Blade.

El título de la canción See You Down In Hell nos recuerda de manera irremediable al clásico See You In Hell de otro grupo imprescindible de la NWOBHM, los enormes Grim Reaper. Sin embargo, nada tiene que ver con la composición del grupo liderado por Steve Grimmett, ya que es mucho más directa aunque menos memorable.

Otro tema que entra de primeras es The Lights Of Soho, en la que de nuevo disfrutamos de un coro pegadizo, unido a un buen solo de guitarra. Heavy puro directo al corazón, simple pero efectivo. La batería nos introduce Not Lay Down And Die, canción que nos llama a no rendirnos nunca, por mucha mierda que nos caiga encima. Parece un buen resumen de la carrera de este grupo, que jamás ha dado su brazo a torcer, manteniendo afilada su katana con el fuego de sus aficionados.

Cierra el álbum Voices Of The Damned, donde nos preguntan si escuchamos las voces de los condenados. En el ecuador de la canción encontramos una breve parte atmosférica, que no tarda en desembocar en otro buen solo de guitarra, presentado por la batería de Pierce.

En conclusión, los Tokyo Blade han logrado parir un álbum que, si bien no inventa nada del otro mundo, mantiene bien alta la espada nipona. Aunque quizás hubiera estado mejor algo de variedad en los temas, si tenemos en cuenta el hecho de que se trata de un grupo ya veterano, la propuesta nos deja un buen sabor de boca.

Mejores temas: Burning Rain, Dark Revolution, Truth Is A Hunter, Not Lay Down And Die, Voices Of The Damned.

Nuestra nota: 7.5 out of 10 stars (7,5 / 10)

Texto: Pere Guiteras.

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