Grave Digger: «Fields Of Blood» (2020, Napalm Records)

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Grave Digger
Grave Digger vuelven a cubrir de sangre las Tierras Altas

De pronto, me vi a orillas del río Tummel, yendo hacia la destilería de whisky Blair Athol. Ese sonido de gaita escocesa, me trasladó también a Inverness, a la inmensidad de las Highlands. De pronto, estaba en Escocia como hace un año. Un pub acogedor plagado de banderines que aludían a diferentes esquipos de fútbol y rugby, me tentó a entrar y tomar un trago. Pronto, la percusión me hizo visualizar batallas fuera del pub, como si hubiésemos retrocedido ocho siglos. Los verdes valles se tiñeron de rojo y el sonido eléctrico de una guitarra me hizo creer que era posible estar en el siglo XIII y en el XXI al mismo tiempo. Ya estaba dentro de «Fields Of Blood», y los anfitriones eran Grave Digger.

A finales de marzo, vio la luz el nuevo trabajo de la banda germana, a través del sello Napalm Records. Junto a Boltendahl, Grave Digger lo componen Axel Ritt a la guitarra, Jens Becker al bajo y Marcus Kniep a la batería.

Tras la intro «The Clansman´s Journey », «All For The Kingdom» nos muestra la capacidad del cuarteto alemán a la hora de componer un himno en pleno 2020 en honor a un hijo, guerrero y orgulloso escocés que peleó en Carham, viendo caer a sus amigos en el río Tweed. Lo dieron todo, absolutamente todo por el reino y así nos lo muestra la banda de Chris Boltendahl en un épico estribillo.

Unos brutales coros, nos llevan a «Lions Of The Sea», con un inspirado Ritt en los riffs, aportando heavy metal puro y duro que es arropado por un atronador Kniep a los tambores. Como leones de mar que van de costa a costa, se fragua una batalla ante unos vikingos que, bajo el sol, sólo muestran salvajismo y las mismas ganas de vencer que los valientes escoceses.

Un bajo tímido y misterioso de Becker, se une al buen hacer de Ritt y enseguida vuelve a desatarse una tormenta metálica que expresa la libertad por la que lucharon los protagonistas de esta reanudación conceptual ya comenzada en los 90. A cualquiera que sienta atracción por la vida de William Wallace a finales del siglo XIII y lo vivido en Stirling, encotrará sentido y un buen homenaje en este tema: «Freedom».

Tras la ejecución de William Wallace, llega el momento en que Robert Bruce ha de dar el do de pecho en Bannockburn contra los ingleses. Grave Digger, a través de este tema, nos traen más regusto a himno marca de la casa, dando un ejemplar repaso a un épico momento que pertenece al principio del siglo XIV.

Tiempo hay para una balada, en la cual colabora la vocalista de Battle Beast, Noora Louhimo. El tema se llama «Thousand Tears». No la destacaría como una de las mejores canciones del álbum pero sí gana su aprobado en el terreno de las tiernas ferocidades del metal alemán e imagino fue un orgullo tremendo para Noora llevar a cabo dicha colaboración.

La persecución de esos sueños sobre cadáveres, los valores de coraje y libertad, los gritos de unidad por la corona…, nos sitúan en «Union of the Crown», uno de los cortes que hacen grande al nuevo álbum, con unos coros más que trabajados,  unas melodías de guitarra geniales y un Chris Boltendahl con las mismas ganas que un chaval de veinte años.

«My Final Fight», muestra otra pelea en los campos de Culloden, otra batalla a muerte como si fuese la última. La banda suena con fuerza, parece no descansar ni tener ganas de contemplaciones y así nos lo hace saber. Los muchachos, ya tuvieron algo de calma con la balada hace unos minutos y están dispuestos a seguir la andadura sin dejar títere con cabeza.

«Gathering of the Clans», mantiene la línea de su tema predecesor, pero vuelve a introducir el sonido de gaita que tan cerca nos coloca de esos clanes que quieren defender Escocia, cueste lo que cueste, con acero y corazón, con la sed de venganza ya instaurada sobre el verdor y bajo las miradas de tantas y tantas almas que flotan perdidas en el lugar.

«Barbarian», comienza con una onda de heavy metal ochentero y transmite una furia increíble a través de la voz de Chris. Un enorme caos aterriza en este corte, donde Cumberland (el bárbaro) adquiere protagonismo por sus asesinatos a sangre fría. Podría decir que es mi tema favorito del disco, lo que me viene pareciendo un auténtico cañonazo.

El tema homónimo, da lugar a partes cañeras, calmadas, sonidos acústicos en medio de la descarga eléctrica, siendo todo ello precedido por esa gaita escocesa ya familiar. Hay líneas solistas de guitarra muy interesantes y riffs tanto ágiles como pesados. También hay momento para escuchar una voz más limpia en contraste con ese color tan guerrero que suele tener. Nuestras almas se levantan de las cenizas y tocamos el cielo, dejando aquí abajo los valles teñidos del color de la sangre y un extenso corte con mucha calidad pero apto sólo para aquellos que dan oportunidades a temas que superan los siete minutos.

«Requiem for the Fallen», de manera instrumental, pone fin a un álbum que, a un servidor, le gustó a la primera escucha, más a la segunda, igual a la tercera y mucho más en esta cuarta que finaliza mientras escribo estas líneas.

Texto: Jorge Loarte.

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