Triumph: Las fuerzas aliadas del rock, parte dos (1981-1993)

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Triumph

Con cinco exitosos discos de estudio a sus espaldas y una legión de fans detrás suyo, el siguiente paso de los canadienses Triumph era grabar un nuevo álbum para mantenerse en las listas hasta su próxima aventura en el estudio. La banda decide encargar el trabajo de producción al mismo productor que ya había trabajado en el anterior lanzamiento, David Thoener, un productor joven e inquieto que había debutado en su profesión el año anterior y que, sin duda, fue uno de los encargados de dar ese sonido característico al trío en “Allied Forces”.

La labor de Triumph para su nuevo disco debía ser muy superior a la de su predecesor, que se estrenó en las listas de ventas en la decimotercera posición y fue un rotundo éxito de ventas que afianzó aún más su corta carrera hasta aquel entonces. Así fue como se internaron de nuevo en los Metalwork Studios, fundado en 1978 por el propio Gil Moore – baterista y vocalista de Triumph – para dar vida a su sexto disco de estudio, una nueva entrega de su hard rock ahora más asentado y menos metálico.

Never Surrender” se estrenó en 1982 a través de Attic pero no llegó a distribuirse fuera de Canadá hasta enero del año siguiente. El éxito de este nuevo trabajo fue algo más moderado que “Allied Forces”, debutando en la posición #29 de las listas de ventas – dieciséis puestos por debajo de su predecesor – y con un reconocimiento menor. “Never Surrender” se erguía como un nuevo estandarte dentro de su carrera estabilizando aún más su sonido y siguiendo un camino distinto al que habían iniciado en su anterior lanzamiento, un elemento que les ayudó a que sus singles se radiasen de tanto en cuanto pero con un rotación bastante más moderada que otros singles de éxito como “Lay It On The Line” o “Hold On”.

Quizá el problema más grande de “Never Surrender” era el simple hecho de suceder a un disco tan redondo como “Allied Forces”, su obra más carismática y querida para muchos de sus seguidores y uno de los pilares fundamentales del rock de los ochenta para un servidor. El simple hecho de tener que recoger el testigo de una obra tan potente y seguir adelante con un nuevo lanzamiento situaba el listón tan alto que las expectativas generadas solo podrían acabar en alabanzas o decepción, sin haber un punto medio. La revista Rolling Stone llegó a calificar el álbum con una estrella alegando que era un álbum pésimo y tirando por tierra todo el trabajo que el trío había dedicado a la composición y creación de su sexto álbum de estudio, un disco injustamente valorado que desgraciadamente no llega a los niveles de su anterior lanzamiento pero que se sustenta por sí mismo con un acabado final notable y que abrió las puertas de un nuevo horizonte para Moore, Emmett y Levine.

Fuera como fuese, el trío supo afrontar las críticas de su sexto álbum y creció de forma exponencial en su siguiente lanzamiento. Triumph se toma un breve tiempo para componer de forma íntegra su séptimo disco – último lanzamiento compuesto únicamente por los tres miembros de la banda – y regresa a Metalwork Studios en abril de 1984 para dar vida a “Thunder Seven”. La grabación de su séptimo lanzamiento se tomó su tiempo, es por ello que la banda únicamente ofreció un concierto en mayo de ese año en el American Rock Festival dentro de la gira de presentación de “Never Surrender” y posteriormente regresó al estudio para continuar trabajando en su nuevo álbum hasta noviembre de ese mismo año.

Thunder Seven” vio la luz finalmente en noviembre de 1984, con una semana de diferencia entre el lanzamiento en el mercado americano y el europeo, y recuperaba parte del sonido más heavy de “Allied Forces”. No sería un álbum comparable al susodicho, ni mucho menos, pero la parte importante era el simple hecho de que la banda había sabido superar los obstáculos que se le presentaron con el lanzamiento de “Never Surrender” – y las críticas desfavorables – para convertirlos en sus aliados y contraatacar con un renovado “Thunder Seven”. Echando la mirada atrás sigo pensando que no es “Allied Forces” pero quizá el tiempo y el momento no trataron bien a este séptimo disco que mucha gente cataloga como un lanzamiento menor y, para mi gusto, podría estar bastante igualado con “Allied Forces”. Que conste que su quinto disco me parece el mejor álbum de toda su carrera y que idolatro a las fuerzas aliadas de los canadienses, pero creo que la carrera del trío ha sido injustamente tratada por la comunidad tras el lanzamiento de aquel álbum que les llevó a lo más alto.

Su séptimo disco llegaría a certificarse disco de oro en los Estados Unidos con el paso de los años, pero ninguno de sus dos adelantos tuvo gran impacto en las listas de éxitos americanas y británicas. La demoledora “Spellbound” ni siquiera llegó a colarse entre los cien primeros del Billboard, mientras que “Follow Your Heart” fue el único de los dos adelantos que subió algo más en las listas de éxitos y llegó a colocarse en la #88 posición del Billboard, una cifra muy alejada de sus anteriores singles.

La crítica no fue tan dura con este nuevo disco, pero aunque el álbum tuvo una recepción más acertada nunca gozó de gran popularidad y se sigue considerando un trabajo menor de su discografía post-”Allied Forces”. El paso del tiempo, el desinterés general del público y la exigencia de los críticos hizo mella en el seno de la banda y, en consecuencia, tuvo una gran repercusión en los lanzamientos posteriores.

The Sport Of Kings” era el disco que debía poner las cosas en su sitio o el que destruiría por completo la formación. La banda había llegado a lo más alto en un período de tiempo muy corto y tal como aquel éxito les había situado en lo más alto su estatus descendía a la misma velocidad en cuestión de cuatro años. La banda decide entonces cambiar el sonido de su música de forma radical y se suben al carro del hard rock melódico, abandonando por completo el heavy metal de sus lanzamientos anteriores. Quizá no fuese el camino más acertado, aunque en aquel momento tan complicado ni ellos mismos sabían cómo acabaría la cosa. La banda llegaba a un momento agrio que les llevaría al extremo a cada uno de ellos y no creo que fuese el momento adecuado para pensar qué iba a ser lo mejor para el futuro de la banda.

Gran parte de esa preocupación se vio reflejada finalmente en el lanzamiento de “The Sport Of Kings”, que alternó su grabación entre los Metalwork Studios de Canadá y los One On One de California. Septiembre de 1986 fue el mes escogido para que su octavo disco viese la luz a través del sello MCA – que ya había editado “Thunder Seven” y el álbum en vivo “Stages” de 1985 -, y aunque el single “Somebody’s Out There” obtuvo bastante éxito, el disco fue vapuleado por la crítica y por el propio Rik Emmett.

Al parecer Emmett quería grabar “The Sport Of Kings” en los estudios L2K de Mallorca pero tanto Gil como Moore querían seguir grabando en su propio estudio y acabar los últimos retoques en los One On One de Hollywood, y ese es uno de los principales motivos por los que Emmett ha expresado en varias ocasiones que no le gusta nada este álbum. El sonido era algo más comercial, se incluyó el uso de teclados y sintetizadores que dieron como resultado un álbum con menos personalidad pero cargado de calidad. Y es que no se le puede negar a ningún álbum de Triumph el nivel de calidad que presenta, desde su debut hasta el marginado “Edge Of Excess”.

Si bien “The Sport Of Kings” puede parecer un álbum menor al lado de sus anteriores lanzamientos, pocos pueden decir que cortes como “Tears In The Rain”, “Just One Night” o la mencionada “Somebody’s Out There” no deban formar parte de cualquier repertorio de la banda en directo. De hecho me parece injusto que tanto “Somebody’s Out There” y “Tears In The Rain” estén presentes en varios discos recopilatorios o en su directo “A Night Of Triumph” de 1987 y que “Just One Night” nunca fuese interpretada en directo. De hecho fue Eric Martin de Mr. Big el único lo suficientemente valiente para interpretarla una única vez en directo en San Rafael (2010) cuando ni sus propios compositores original habían decidido arreglarla para los shows en vivo.

En aquella época se filmó el mencionado directo “A Night Of Triumph”, un show en vivo grabado durante la gira de presentación de “The Sport Of Kings” en el Halifax Metro Centre – actualmente Scotiabanc Centre – de Nueva Escocia (Canadá) y presenta uno de sus directos más exitosos que se lanzó en formato doméstico (VHS y Laserdisc) en 1990 y que posteriormente fue re-editado en DVD en 2004 bajo el sello de la propia banda, TML Entertainment.

Para la gira de “The Sport Of Kings” ficharon al teclista Rick Santers, conocido por su trabajo como compositor y líder del proyecto Santers junto a su hermano Mark, esto les permitió girar junto a Yngwie Malmsteen por Estados Unidos.

Acabada la gira, Moore y Levine deciden ponerse a trabajar en su nuevo disco teniendo como único objetivo regresar a sus raíces manteniéndose firmes en el blues-rock que dio vida a los primeros lanzamientos de Triumph, pero Emmett quiere seguir explorando y ampliando horizontes trayendo consigo elementos actuales y dejando a un lado los primeros años de su carrera. Es por ello que Emmett brinda la colaboración de Dixie Dregs y a Steve Morse, guitarrista de Kansas, para su nuevo lanzamiento, el que sería su último disco en Triumph.

Surveillance”, noveno disco de su carrera, se grabó de nuevo en los Metalwork Studios entre febrero y julio de 1987, que finalmente fue lanzado un 27 de julio de 1987 como el cuarto lanzamiento de la banda dentro del sello MCA. De la producción del álbum se encargó Thom Trumbo, un desconocido productor que únicamente había trabajado en el anterior lanzamiento de Triumph, había producido “All I Wanted” de Kansas, llegó a producir un álbum recopilatorio de Pink Floyd en 1993, “Works”, y se encargó de la grabación y producción de un par de discos de Melvin James por aquel entonces. Su trabajo, bastante más consistente en este segundo lanzamiento de los canadienses, dotó a su música de una gran fuerza y atmósfera que rodea todo el álbum, pero desgraciadamente no tuvo el éxito esperado y la banda se desanimó aún más.

El lanzamiento de “Surveillance” supuso un duro golpe para la banda en su momento. Si bien ahora está considerado una de sus obras más intrépidas y arriesgadas y se ha ganado a pulso su lugar en la historia de la banda, en su momento fue un lanzamiento que fue recibido con mediocridad entre la crítica especializada y que no obtuvo el éxito deseado. Se lanzaron tres singles promocionales, “Let The Light (Shine On Me)”, “Long Time Gone” y “Never Say Never”, pero el único que obtuvo cierto éxito en las emisoras de radio canadienses fue el primero, mientras que “Never Say Never” ni siquiera llegó a colarse en las listas de éxitos en su país natal. 

Surveillance” se alejaba aún más de la propuesta de su anterior lanzamiento llegando a rozar el AOR en algunos temas, aunque en cierto modo supieron regresar a sus raíces. Temas como el mencionado “Never Say Never” o la magistral “Headed For Nowhere” traían de nuevo ese buen gusto por el guitarreo y los ritmos pegadizos mientras que otros cortes como “Carry On The Flame” o “Let The Light (Shine On Me)” iban en una dirección totalmente opuesta, destinada a un público más amplio y menos exigente, rozando las composiciones de bandas de hard rock de la época.

Los problemas internos jugaban un papel importante en la banda y en 1988 se hizo evidente la necesidad de separar sus caminos debido a la presión, las diferencias musicales entre Levine, Moore y Emmett o la propia dirección artística de la banda. El 3 de septiembre de 1988 fue el último concierto de Triumph con Emmett en sus filas antes de abandonar al trío para dedicarse a su proyecto en solitario, momento en que la formación original se rompería para dejar paso a unos desamparados Moore y Levine que seguirían adelante con el legado de su proyecto tras fichar a Phil-X, que hasta entonces había formado parte de dos bandas canadienses de éxito como Frozen Ghost y Aldo Nova.

Cinco años tuvieron que pasar entre “Surveillance” y “Edge Of Excess”, el tiempo suficiente para que Levine y Moore tuviesen la libertad necesaria para componer un álbum acorde a su visión del proyecto tras la salida de Emmett. Con Phil-X en sus filas contaban con un guitarrista de la talla de Emmett, salvando las distancias, capaz de entregar un hard rock auténtico, lo que Moore y Levine llevaban buscando hacer desde “Thunder Seven”. Así fue como nació finalmente “Edge Of Excess” en 1992, que al igual que sus anteriores lanzamientos fue grabado en los Metalwork Studios y fue producido por Levine y Noel Golden. La tercera entrega de la saga Hellraiser de Clive Barker, que lleva por título “Hellraiser III: Hell On Earth”, hizo uso de “Troublemaker” en su banda sonora, uno de los temas más exitosos del álbum.

El décimo disco de estudio de Triumph, último de su carrera hasta la fecha, fue recibido con entusiasmo pero no gozó de popularidad. Las críticas no ayudaron a que la banda resurgiese y, pese a entregar un álbum notable, algunos problemas con la discográfica les obligaron a disolver el proyecto en 1993. Triumph pudo acabar la gira de presentación de “Edge Of Excess”, con Phil-X a la guitarra y Rick Santers al teclado y como substituto de Emmett a la voz en los temas que él cantaba, pero desgraciadamente se vio obligada a cesar su actividad tras estos infelices contratiempos. Así daba por finalizada una carrera de éxitos y desengaños dejando tras de sí un legado legendario que a día de hoy sigue siendo inquebrantable como el resto de su obra. 

Triumph en 1992. De izq. a der: Mike Levine, Phil X y Gil Moore.

La banda se reunió en 2007 como invitados de honor en el Hall Of Fame canadiense tras haber sido reconocidos como una de las bandas más importantes de todo el país, momento en que sus miembros desmintieron los planes de reunión debido a que cada uno de sus miembros estaba centrado en sus propios proyectos. Al año siguiente confirmaron su presencia en el festival Sweden Rock como una de las mayores sorpresas de ese año y fue la única fecha en que la formación original volvió a tocar al completo, dando como resultado el lanzamiento del álbum en vivo “Live At Sweden Rock” que editó Frontiers Records en 2012. Actualmente se han reunido en los Metalwork Studios para re-grabar tres temas que aparecerán en el documental biográfico sobre su carrera, “When The Lights Go Down”, “Lay It On The Line” y “Magic Power”. El documental – dirigido por Sam Dunn – se ha titulado “Lay It On The Line”, será distribuido por Banger Films y tiene prevista su salida a lo largo de este mismo año.

It makes her feel much better, brings her closer to her dreams. A little magic power makes it better that it seems.

Texto: Mario Marín.

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