Thin Lizzy: Los diez temas imprescindibles según Mario Marín

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«Doce discos de estudio en tan solo 14 años de carrera.»

Thin Lizzy es, con toda seguridad, una de las bandas que más he escuchado a lo largo de mi vida desde que tengo uso de razón. El impacto que ha tenido en mi persona la música y las letras de Phil Lynott han ayudado a dar forma a lo que soy hoy día y me arriesgo a afirmar que muchísimas personas estarán de acuerdo conmigo o incluso compartirán el mismo sentimiento por la vida y obra de uno de los músicos más grandes de la historia del rock.

Los catorce años que duró Thin Lizzy dieron para mucho, empezando desde lo más bajo y llegando hasta lo más alto en cuestión de poco tiempo y dando como resultado el lanzamiento de hasta doce discos de estudio, a razón de un disco por año e incluso dos discos consecutivos en un mismo año sin perder un ápice de calidad, una proeza de la que pocas bandas pueden presumir hoy día. El contenido de cada uno de sus lanzamientos, fuertemente influenciado por el blues rock, el folk y la música tradicional, es equiparable al legado que nos han dejado más de treinta y cinco años después de su disolución: cantidad, calidad y humildad.

Es por ello que he decidido hacer un breve listado repasando algunos de los temas más interesantes de toda su carrera y, a la vez, intentando dejar a un lado los cortes más conocidos para dar más protagonismo a algunas joyas que hayan podido quedar relegadas a un segundo término. Como cualquier otro listado que podáis encontrar en la web, este artículo está escrito bajo mi punto de vista y opinión, así que es probable que algunos de vosotros no compartáis la misma visión que he querido plasmar en este artículo. ¡Allévoy!

10) Honesty Is No Excuse (Thin Lizzy, 1971)

Para entender la música de Phil Lynott hay que remontarse a los primeros años de la banda, como suele ocurrir con todos los grupos que conocemos. Los primeros años de Thin Lizzy fueron algo duros y su música reflejaba los cambios que se estaban viviendo en Irlanda y Reino Unido durante aquella época, una revolución socio-política entre republicanos/nacionalistas y unionistas mantendría en vilo a los ciudadanos de Irlanda durante finales de los sesenta y mediados de los setenta como un movimiento por los derechos civiles que en 1971 daría como resultado la reunión del IRA y mantendría en vilo a los habitantes de todo el país en una época de caos y desconcierto.

Es entonces cuando Thin Lizzy entra en juego con su álbum homónimo, un disco fuertemente influenciado por la música tradicional y el folk patrio al que se le sumaba un blues rock con toques psicodélicos y unas letras que reflejaban aquellos años de opresión y depresión. “Honesty Is No Excuse” es el perfecto ejemplo de aquellos años, un tema nihilista y negativo que narra las desventuras del desdichado protagonista cuyo único pecado ha sido ser honesto y vivir bajo sus principios. Blues, rock psicodélico e incluso algo de hard rock primitivo dan vida a uno de los mejores temas de la ópera prima de Thin Lizzy.

9) Got To Give It Up (Black Rose: A Rock Legend, 1979)

Black Rose: A Rock Legend” es uno de mis discos favoritos del cuarteto irlandés por méritos propios. Ya la propia portada, obra del icónico Jim Fitzpatrick, es una auténtica maravilla visual y una de las más icónicas de toda su carrera. Thin Lizzy ya había dado el pelotazo tres años atrás con el lanzamiento de “Jailbreak” y “Johnny The Fox”, ambos de 1976, pero había visto mermada su formación con la salida de Brian Robertson poco después – o antes – del lanzamiento de “Bad Reputation” en 1977, así que llamaron a su viejo colega Gary Moore, que por aquel entonces ya había debutado en solitario con “Back On The Streets” (1978) y dieron vida a “Black Rose: A Rock Legend” junto al productor Tony Visconti.

Aunque “Black Rose” tiene un buen puñado de temas icónicos, como puede ser “Toughest Street In Town” o “Waiting For An Alibi”, siempre me ha atrapado la desgarradora y pegadiza “Got To Give It Up”, un corte que cuenta las peripecias del propio Lynott en su batalla contra el alcohol y las drogas como si escribiese una carta a sus familiares más cercanos en el momento de su muerte, un ejercicio de autocompasión que poco después acabaría teniendo lugar con el fatídico fallecimiento de su icónico líder tras una sobredosis de heroína que le apartaría de este mundo tal como él mismo había predicho años atrás. La vida es irónica, pero Lynott parecía conocer su destino mucho mejor que el resto de mortales.

8) Massacre (Johnny The Fox, 1976)

Si haber editado “Jailbreak” en 1976 les había sabido a poco, seis meses después ese mismo año pondrían en circulación un notable “Johnny The Fox” que parecía complementar a la perfección a su hermano mayor. En “Jailbreak” gozaban de una producción mucho más limpia y pulida, pero en “Johnny The Fox” decidieron darle un sonido más sucio y underground, cuyo resultado final era la cara de la cruz de Thin Lizzy, el yin y el yan de su carrera discográfica. Mientras que “Jailbreak” se llevaba la fama por temas tan positivos como “The Boys Are Back In Town” o “Cowboy Song”, el posterior “Johnny The Fox” jugueteaba con el alcohol y las drogas en cortes como “Johnny The Fox Meets Jimmy The Weed” o fantaseaba con los desórdenes mentales en “Borderline”.

El éxtasis del álbum, para un servidor, se encuentra en la segunda cara del elepé, más concretamente en el último meridiano de “Johnny The Fox”. La célebre “Massacre”, que fue escrita durante las sesiones de grabación del disco en los Ramport Studios de Londres, es una protesta en contra de los prejuicios religiosos con los que dilapida a todos los comulgantes de cualquier religión que condenan al resto de mortales por no compartir su misma visión, un corte que hace uso de la guerra y los genocidios como herramienta para criticar el comportamiento humano y sus consecuencias.

7) Fighting My Way Back (Fighting, 1975)

Fighting” es la culminación del rock and roll en el seno de Thin Lizzy, la explosión de sonidos que trajo consigo un nuevo rumbo que el cuarteto supo aprovechar sin miramientos y que dio como resultado un extenso abanico de lanzamientos a cuál más interesante. 

El tema en cuestión es, a diferencia de los que he nombrado anteriormente, un corte muy movido y con un mensaje positivo que, a diferencia de «Got To Give It Up» nos retrata a un protagonista apaleado y apartado que está seguro de sí mismo y va a defender sus ideales por encima de todo, aunque ello le cueste más de un disgusto. Aquí hay de todo, una melodía pegajosa, un riff muy acertado y un solo de guitarra de puro hard rock que no te hace parar quieto ni un segundo.

6) Sha La La (Nightlife, 1974)

Uno de los discos más infravalorados de Thin Lizzy, aunque su portada sea de las más conocidas, es el brillante «Nightlife» de 1974, un disco muy interesante en el que empezaban a juguetear con el hard rock y que dio muy buen resultado en la prensa especializada que lo recibió con los brazos abiertos. Sí bien «Vagabonds Of The Western World» (1973) ya se empezaba a alejar del blues/folk de sus primeros dos discos, la inclusión de Scott Gorham y Brian Robertson traería consigo sangre nueva a la banda y consigo el nuevo sonido que necesitaba el – hasta entonces – trío de Irlanda.

«Sha La La» es uno de los cortes más duros que haya compuesto Thin Lizzy en toda su carrera, entendiendo como duro lo que se estilaba por aquella época y lo que llegó a hacer la banda en los años venideros. Siempre he comparado «Sha La La» con el «Sheer Heart Attack» de Queen, dos temas muy alejados de su tiempo y adelantados a su década que sentarían las bases de otros géneros en el futuro. Desde luego no podemos comparar ambas canciones porque la diferencia es abismal, pero quería dejar constancia de esta comparativa porque creo que es una forma muy interesante de ver el qué en «Sha La La«.

5) The Holy War (Thunder And Lightning, 1983)

La joya de la corona para un servidor, el Apocalipsis del Nuevo Testamento de Thin Lizzy y la obra crepuscular que cierra el ciclo. Me estaba debatiendo entre situar este tema en la primera posición o en cualquier otra, pero creo que no tiene sentido mover un tema arriba o abajo cuando todo este listado me parece imprescindible y debería carecer de orden.

Si bien «Chinatown» (1980) y «Renegade» (1981) les mantuvo en las listas de ventas – aunque el impacto fue menor que sus discos anteriores – las críticas no habían sido muy favorables y la banda se mantenía a flote pero a la deriva, sin rumbo. Era necesario un cambio y tras la salida de Robertson el único acierto fue Gary Moore. El bueno de Snowy White supo mantener el nivel en la banda pero Thin Lizzy no pasaba por su mejor momento y necesitaba sangre joven para seguir atrayendo al público así que optaron por la mejor de las opciones de que disponían, contratar a un joven y alocado John Sykes que venía de la NWOBHM para renovar el sonido de la banda y el resultado no pudo ser más acertado. Guitarras afiladas, ritmos trepidantes y unos teclados de infarto dieron vida a la despedida más grande que podían haber entregado estos titanes del género, «Thunder And Lightning«, y el mejor ejemplo de ello es la dilapidadora «The Holy War», cuyo mensaje apocalíptico se entiende mejor escuchando el álbum al completo.

4) Sugar Blues (Chinatown, 1980)

Que «Chinatown» o «Renegade» sean consideradas obras menores no os tire para atrás a la hora de escucharlos. No, ambos discos pueden haber sido vapuleados por la crítica, sobre todo el último de los dos, pero siguen siendo dos discos que podría lanzar cualquier otra banda y se llevarían un notable bien alto. Con esto quiero decir que por mucho que nos vendan la moto, uno mismo debe tener su propio juicio y valorar por sí mismo lo que tenga entre manos, y entiendo que el hecho de que esta misma banda (con Robertson) diese vida anteriormente a «Jailbreak» o «Fighting» fuese objeto de crítica con el lanzamiento de los ya mencionados, pero ello no implica que ambos discos fuesen malos, en absoluto.

El claro ejemplo de la magnificencia de «Chinatown» es – y siempre lo ha sido – «Sugar Blues«, un tema muy blues a simple vista pero que esconde muchos matices del rock y del propio heavy metal que se empezaba a hornear a principios de esa década. Gozar de «Sugar Blues» es gozar de la propia vida, dejarse llevar por los sentidos e ir más allá de los límites de lo humano. Que no os vendan la moto, «Chinatown» sería la obra maestra de cualquier banda del montón.

3) Bad Reputation (Bad Reputation, 1977)

Un álbum olvidado por muchos al que conviene regresar de tanto en cuanto. No es su mejor trabajo y no pretende serlo, pero más allá de todo eso es un disco muy interesante que nos dejó joyas del tamaño de «Dancing In The Moonlight (It’s Caught Me In Its Spotlight)«, la demoledora «Soldier Of Fortune» o la brutal «Killer Without A Cause«.

Pero el tema de este álbum al que he vuelto más que a cualquier otro es el que da título al propio disco, una auténtica bomba de relojería que bien podría ser el tema del jefe final de Streets Of Rage, una absoluta genialidad de escasos tres minutos que pone el mundo patas arriba, y es de esos temas que cuando lo oyes, lo acaba oyendo todo el barrio. 

2) Leave This Town (Renegade, 1981)

No voy a añadir nada más acerca de este álbum o de «Chinatown». Solo os voy a pedir que, si no lo habéis hecho aún, escuchéis esta maravilla a todo volumen y con una buena cerveza para acompañar. El riff te va a atrapar y no te dejará marchar.

1 – The Rocker (Vagabonds Of The Western World, 1973)

Como he dicho más arriba, mi objetivo no era el de ordenar sus diez temas de mejor a peor sino el de enumerar algunos de los temas más interesantes de la carrera de Thin Lizzy sin orden aparente. Obviamente no puedo mencionarlos todos del tirón y siempre hay que seguir un orden, pero os aseguro que todos los temas de este artículo están al mismo nivel bajo mi humilde opinión.

Soy consciente de que «The Rocker» no es un tema olvidado, ni mucho menos, pero tengo la sensación de que se suele dejar a un lado a la hora de hablar de Thin Lizzy y normalmente se tiende a considerar menor que temas como «Jailbreak«, «Emerald«, «The Boys Are Back In Town» o «Rosalie«, por mucho que esta última no sea suya, y no es así como yo lo veo.

«The Rocker» es una auténtica delicia del rock mundano, uno de esos cortes que suenan clásicos y a la vez atemporales, de esos que los años no pasan por ellos y que se siguen disfrutando igual – o más – que en el momento de su salida. La voz y el bajo de Lynott son espectaculares como de costumbre, la batería de Downey no da cuartel, pero lo más destacable de todo el tema es el espectacular solo de guitarra de Eric Bell de casi tres minutos de duración que te hace perder la cabeza por completo y te deja sin respiración. Si un día se me acerca un desconocido con pocas luces y me preguntase qué es el rock and roll, mi respuesta sería clara: «The Rocker«.

Bonus track: «Angel Of Death» (Renegade, 1981)

Como Kai Hansen ha reconocido alguna vez, e incluso ha llegado a versionar con Gamma Ray, uno de los temas más infravalorados y olvidados de la carrera de Thin Lizzy es la apocalíptica «Angel Of Death«, un tema oscuro y lúgubre que narra la llegada del ángel de la muerte a nuestra civilización y sus consecuencias. No es el mejor tema de su trayectoria pero es un corte que, para mi gusto, deberían haber incluido más a menudo en su setlist, al menos en los dos años siguientes antes de acabar su carrera.

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