¡Mátalos a todos!: 37 años de «Kill ‘Em All», el legendario debut de Metallica que dio a conocer el thrash

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Metallica, ni más ni menos que Metallica, una de las primeras bandas que me enganchó y uno de los motivos por los que hoy conozco tantos álbumes de thrash metal y de heavy metal en general. Los de San Francisco, tienen un hueco muy especial en mi forma de catalogar el rock y el mundo del metal.

Para muchos, su álbum debut, se debió grabar con Dave Mustaine en la formación. Si os soy sincero, ya que nací en 1984, mi punto de vista siempre se ha basado en lo que tengo y no en lo que no tengo. Cuando descubrí el thrash metal, descubrí que Metallica había comenzado a hacer discazos en el año 83 y que, el tipo que fue expulsado de la banda, había formado otro grupo acojonante con el que también inició una discografía bestial. Si ellos ganaron y la música también, no veo el sentido a lamentarse. Otra cosa, es haber vivido aquel momento en los ensayos, donde James y Dave tenían sus más y sus menos, alentados en todo momento por las grandes cantidades de alcohol ingeridas por ambos. Los dos, eran y son músicos espectaculares, y Lars, gran compositor y un batería excepcional (con sus detractores a cuestas), debía ponerse del lado de uno y lo hizo.

Celebramos el aniversario nº 37 de «Kill ‘Em All», primer álbum de Metallica, que pudo llamarse «Metal Up Your Ass», y cuya portada pudo ser un retrete del cual salía una mano con una daga. Un servidor, conserva una espaldera que encontró una tarde de festival con esa portada que nunca llegó a ser utilizada para un álbum de la banda. El sello neoyorquino Megaforce Records, insistió a la banda en cambiarlo y finalmente, precisamente por este hecho, Cliff Burton le dijo a Lars: Kill ‘Em All! Y, sin más, el título «Kill ‘Em All», fue bien recibido por el sello y, la portada, a mí sinceramente me encanta: la sombra de una mano, el martillo, la sangre y el logo de la banda. ¿Para qué más?

La portada original y la que, finalmente, terminó siendo Kill ‘Em All.

«Hit The Lights», muestra la energía de unos tipos dispuestos a comerse el mundo, transmitiendo el fanatismo por el rock, por darlo todo en un concierto, por golpear las luces, por tocar más alto que nunca delante de una legión de fans que enloquecen con su agresiva música. Siempre pondría este tema en mi top de Metallica y nunca vería descabellado que terminaran sus shows golpeando, reventando y pisando las luces.

«The Four Horsemen», es demoledora, una maravilla llena de todo lo que tiene que tener para permanecer en la lista de oro de los grandes temas del thrash clásico. Eso sí: a diferencia del primer corte, que era de James y Lars, éste lleva el sello de Mustaine. Luego se hicieron variaciones y James reescribió la letra, pero esas rítmicas y la melodía vocal pertenecían a «The Mechanix», que era el tema original que escribió Dave. Por ello, aún siendo seguidor de Metallica post-Mustaine, con Kirk (ex-Exodus), creo que cuando se habla de los cuatro jinetes, debería tenerse en cuenta que eran James, Lars, Cliff y Dave. La historia, no se puede borrar y este tema se coció con esos cuatro máquinas. Guerra, noche, destino y oscuridad fueron los temas a los que recurrieron los jinetes para regalarnos este temazo.

James Hetfield, siempre me ha parecido sinónimo de Metallica. Es uno de mis músicos favoritos, tanto a nivel de composición como a nivel de vocalista y guitarra rítmico, obviando la presencia que siempre tuvo en directo. Creo que Metallica es dependiente del estado en el que se encuentre James. Él puede hacer que un disco sea increíble o no, que una gira sea inolvidable o no…  «Motorbreath», es un tema 100% suyo y mi tema favorito de la banda (junto a «Harvester Of Sorrow», muy posterior, ya con Jason en la formación). El tema es directo, macarra y lleno de autenticidad. Escalofríos recorren tu cuerpo, vives rápido y vives a tu manera.

«Jump In The Fire», es otro tema que Lars y James hicieron con Dave. En un intento acertado de atribuir protagonismo a Kirk, éste no nos defraudó y nos ofreció lo mejor de sí mismo. Con diferencia, es uno de los mejores temas que ha grabado como solista, y siendo un crío como quien dice. Manteniendo el infierno encendido, saltamos al fuego de otro tema a la altura de los anteriores, y eso es mucho decir.

Continuamos con «(Anesthesia) – Pulling Teeth», el tema más emotivo de toda la trayectoria de Metallica, por lo que significa. Cliff Burton, se marchó al otro lado de forma prematura, y es un miembro a quien James quería como un hermano. El excepcional bajista, era fan de Misfits, llevaba pantalones abiertos abajo a lo Purple, pero destilaba metal rudo (y no carente de técnica) por los cuatro costados. Este tema, lo tocaba en directo antes de grabar el disco, e incluso antes de entrar en Metallica. Incorpora wah-wah, la técnica del tapping, buenas dosis de distorsión y algunos ejercicios que muchos emplearían para guitarra. Ciff, era diferente, con esa melena pelirroja que agitaba como alma que lleva el diablo y su bestial forma de tocar.

Como su nombre indica, «Whiplash» es un auténtico latigazo en toda regla. La batera de Lars Ulrich se encarga de presentar este tema, que hace que la adrenalina fluya incesantemente por nuestras venas y entremos en el moshpit como auténticos maníacos. Su famoso y pegadizo coro, guarda un lugar muy especial en la memoria de varias generaciones de metaleros. La influencia de bandas como Motörhead es palpable en el debut de los de San Francisco, ya que este álbum suena muy punkarra todavía.

Con un inicio que nos pone en situación, el señor de los fantasmas viene a visitarnos en «Phantom Lord» (no, no estoy hablando de personajes de la farándula televisiva como Rafa Mora). En mi opinión este tema tiene quizás el mejor solo de guitarra que veremos en todo el álbum. Me gusta mucho el cambio de ritmo con el que nos deleitan hacia la mitad de la canción, que representa la antesala de otro ataque guitarrero marca de la casa. El grito final de Hetfield cierra uno de los platos fuertes de esta célebre obra.

Empieza guitarrera «No Remorse», una composición que nos habla sobre soldados que son enviados a la guerra para asesinar sin remordimientos ni contemplaciones. Esta composición sirvió como base para el tema principal de la famosa saga de videojuegos Doom. Hacia el cuarto minuto, vemos como la banda decide acelerar revoluciones, en un párrafo que parece explicarnos la guerra a la perfección.

Seguimos por el riff por antonomasia, una de las canciones que todo el mundo aprende a tocar cuando empieza con la guitarra eléctrica: «Seek and Destroy». Qué podemos decir que no se haya dicho ya de este tema. Tanto la letra, como las líneas de guitarra y el chorus, son ya míticos dentro de la historia del metal. Parece hablarnos de una especie de pandilla buscando a cualquier incauto para apalizarlo, como Alex y sus drugos en La Naranja Mecánica.

La canción encargada de cerrar este ejercicio de thrash es «Metal Militia», con otro riff de guitarra de esos que se te graban a fuego en la memoria. Debido a ser de sus temas más trepidantes, solía encargarse de cerrar sus conciertos iniciales, cuando Mustaine todavía estaba dentro del grupo y después de que le invitaran «amablemente» a que se fuera a afeitar un cactus. El bueno de Dave, quien poco después fundó otro grupazo como Megadeth, ayudó a componer, además de esta canción, «The Four Horsemen», «Jump In The Fire» y «Phantom Lord». El mensaje que nos querían transmitir nos ha quedado claro: Metallica ha venido para quedarse y marcar para siempre la historia del metal.

En 1988, la discográfica Elektra Records realizó una reedición de este memorable debut, incluyendo dos versiones de clásicos de la NWOBHM que influenciaron claramente el sonido de la banda: «Am I Evil» de Diamond Head y «Blitzkrieg» de Blitzkrieg.

Texto: Pere Guiteras y Jorge Loarte.

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