Un agujero en el cielo: 45 años de «Sabotage», el álbum más oscuro de Black Sabbath

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Black Sabbath

Hoy cumple nada más y nada menos que cuarenta y cinco años, la última gran joya que nos dejó la etapa clásica de Black Sabbath: el todopoderoso Sabotage (1975). Como fan número 1 de los de Birmingham que me considero, en mi opinión se trata de la mejor obra que sacaron con Ozzy como cantante, seguida por Sabbath Bloody Sabbath (1973) y Master of Reality (1971).

A pesar de que, con su entrega anterior, por fin lograron críticas positivas unánimes por parte de la prensa, (debido en parte a la colaboración del teclista Rick Wackeman de Yes en algunas pistas), la banda quiso despegarse del sonido logrado en Sabbath Bloody Sabbath. Se respiraba un fuerte clima de tensión entre el grupo, tanto por las adicciones al alcohol y a varias drogas de sus miembros, como por fastidiosos factores externos. Estaban inmersos en una inacabable batalla legal con su anterior representante, Patrick Meehan, quien les había demandado después de que decidieran prescindir de sus servicios.

Con toda esa rabia acumulada, empezaron a grabar Sabotage en los Morgan Studios de Willesden, al noroeste de la capital londinense. Si bien es mucho más denso y oscuro que su anterior disco, se nutre de la apuesta por arreglos progresivos que caracterizaron a este. El propio título del elepé es una clara muestra del enfado y rencor que tenían hacia Meehan. Sin mayor dilación, empezaremos a diseccionar esta maravilla musical.

Con una cuenta inicial empieza Hole in the Sky, que está grabado como si nos encontráramos con la banda en el estudio de grabación, sintiendo su energía. El tema más pegadizo del álbum, cuenta con un riff marca de la casa de Tony Iommi, que se nos mete en la cabeza como si se tratara del flautista de Hamelín. Su espíritu hard rockero enganchó de primeras a sus seguidores. A continuación se nos presenta Don’t Start (Too Late), un breve interludio de guitarra acústica a manos del inconmensurable Iommi. Su título se debe a una broma interna del grupo. Es un guiño a David Harris, técnico encargado de registrar las pistas, ya que en ocasiones este empezaba a grabar demasiado tarde, cuando la formación ya había empezado a tocar sus instrumentos.

El pesado riff con el cual entra en escena Symptom of the Universe es toda una declaración de intenciones, ya que los de Birmingham no piensan darnos cuartel en ningún momento. Se considera la canción precursora del thrash metal posterior, debido a su incesante ritmo, gracias a la mayor exhibición del batera Bill Ward en todo el disco. Adoro el tercer párrafo en el cual Ozzy Osbourne, con una voz frenética, canta una de las mejores exhibiciones de brillantez compositiva por parte del irrepetible bajista Geezer Butler:

«Take my hand, my child of love, come step inside my tears
Swim the magic ocean I’ve been crying all these years
With our love, we’ll ride away into eternal skies
A symptom of the universe, a love that never dies».

Tras otro brutal solo de Iommi hacia el tercer minuto de la canción, se produce un drástico cambio de ritmo, en el cual la batería baja revoluciones y entra una suave guitarra acústica. Se dice que esta sección se inspiró en la famosa jam session que tuvieron junto a los legendarios Led Zeppelin (la única vez que colaboraron mis dos grupos favoritos). No está del todo claro que se produjera durante la grabación del denso Sabotage, ya que Page y los suyos se encontraban de gira por los Estados Unidos en ese entonces.

Le llega el turno a la que es, probablemente, mi composición favorita de toda la carrera de Black Sabbath: Megalomania. Este descenso a la locura inicia de manera onírica. Con una voz estremecedora y agónica, Ozzy nos relata en primera persona los delirios de grandeza del protagonista, perdido en su oscura fantasía de dominación. La atmósfera cambia en el tercer de los versos, donde el protagonista empieza a darse de su situación de esquizofrenia, pensando que quizás es mejor no alcanzar el éxito a costa de la salvación de su integridad mental. El psicodélico solo de Iommy acentúa esta sensación de frágil equilibrio. Parece que, conforme avanza la canción, el narrador trata de sacar la mejor de su situación para encontrar su propia concepción de la vida.

The Thrill of It All, con un riff distorsionado característico, parece encajar a la perfección con Hole in the Sky. En este medio tiempo, la banda nos habla de la contradicción de hacer música para sentirse libres y, a la vez, estar encadenado a los designios económicos de las discográficas y su entorno. Más adelante, intentan ver el lado positivo de su situación de estrellas del rock, así que deben disfrutar del momento.

Con un sentimiento casi trascendental, nos tomamos un respiro en la instrumental Supertzar. Lo más destacable aquí es la colaboración de la English Chamber Choir. Resulta gracioso el hecho de que, cuando Ozzy vio al coro en el buque de ensayo, pensó que se había equivocado de estudio y se largó.

Seguimos con este peculiar viaje a la locura con Am I Going Insane (Radio), una de las dos letras compuestas por Ozzy en este elepé. Como si el nombre de la canción lo indicara, aunque parezca mentira se trata del tema más accesible de todo el álbum musicalmente hablando. Curiosamente, la pista de guitarra hecha para simular la pérdida de cordura, también me recuerda en cierta manera a las bandas sonoras de los westerns de antaño. Al final de la canción escuchamos las risas alocadas de varias voces, como si acabáramos de adentrarnos en un insalubre manicomio. Estas enlazan con la siguiente composición.

El bajo hipnótico de Geezer Butler introduce la última de canciones de esta obra maestra de los padrinos del metal: The Writ. También compuesta por el hombre que susurraba a los murciélagos, aquí Osbourne suena más poderoso que nunca, exprimiendo todo su potencial en un soberbio temazo. El contundente ritmo de la canción cambia de manera súbita hacia el quinto minuto, en una especie de paz temporal casi romántica, en la cual nos tratan de advertir de que más vale mantener los ojos abiertos en la industria musical. La letra es claramente un desquite contra su antiguo mánager, al cual le dedican palabras de amor sencillas y tiernas, tales como las siguientes:

«You are a nonentity, you have no destiny
You are a figment of a thing unknown
A mantle picture of a stolen soul
A fornication of your golden throne».

En los últimos segundos del álbum, podemos encontrar otra pequeña broma de la banda, grabada a bajo volumen. En esta pista oculta llamada Blow on a Jug, vemos a Bill Ward cantando animado, acompañado de un piano. Por último, nos queda hablar de la casi cómica portada, criticada por parte de sus seguidores. Podemos observar a los miembros delante de una especie de espejo invertido. Lo más desternillante son las medias rojas que viste Ward, quien las tomó prestadas de su mujer.

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