Medina Azahara celebra su paso por el Teatro Egaleo treinta años después de su mítico álbum en vivo

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Medina Azahara

Treinta años después, los cordobeses Medina Azahara volvieron al lugar simbólico donde grabaron uno de los mejores directos que se han llevado a cabo dentro del rock español. También celebraban tres décadas del primer concierto que registraron con Paco Ventura como guitarrista (siendo que llevaba un año con el grupo).

Tras el huracán de metal industrial que se marcaron los madrileños Eternal Psycho, quienes jugaban en casa (algunos de sus miembros son de Leganés) y recogieron un cariño inmenso por parte del público, salieron a escena los veteranos y reyes (a mi humilde parecer) del rock andaluz. Por supuesto, cuando hago esta afirmación, la cual recae en cómo veo la trayectoria de Medina, no dejo de tener en cuenta a los grupos sevillanos Smash y Triana, magníficos pioneros del subgénero. En realidad, siempre vi a Medina Azahara mucho más heavies, claro, pero no dejan de ser una formación que se fue construyendo desde el rock del sur.

Como no podía ser de otra manera, el show comenzó como en el año 90: «Al-Hakim…Otro Lugar» y el fantástico «Medley» con sus inequívocos capítulos, abrieron un show en el que Manuel Martínez volvió a enamorar a los asistentes con su voz. Es la voz que algunos llevamos escuchando desde niños, la voz que algunos que tenían veinte años en los 70 siguen escuchando hoy de forma nostálgica e ilusionante.

Juanjo Cobacho, que lleva en la formación desde 2012, pone en directo una actitud y una estética muy hard-rockeras, muy de la costa oeste de Estados Unidos, y a simple vista se percibe el buen rollo y el feeling que tiene con sus compañeros. Lo mismo ocurre con Nacho Santiago, el batería, que lleva el mismo tiempo que Juanjo en Medina Azahara.

Quien tuvo algunos problemas técnicos fue Manuel Ibáñez, teclista de la banda desde hace veintiún años y quien dejó otra muestra de lo gran músico que es (a pesar de esos problemas que fue solucionando con profesionalidad y sin perder los nervios en ningún momento). Su teclado tiene muchísima presencia, pues los temas así lo piden y él como siempre da lo mejor al público. Le habré visto seis veces en vivo y nunca falla.

Por supuesto, pudimos disfrutar de temas que sucedieron a los mecionados en el concierto del año 90 y que en esta ocasión no iban a faltar; me refiero a «Velocidad», que hizo que todo el público corease con gran euforia, «Navajas De Cartón»,…

La maravillosa «Otoño», nos puso los pelos como escarpias al tiempo que Paco Ventura compaginaba los coros con su virtuosismo a la guitarra. Es increíble cómo toca la guitarra este señor; siempre lo digo tras un concierto de ellos pero creo que nunca hay que olvidarlo. Sus solos son pura delicia, esos riffs que ejecuta mirando al público con una sonrisa tan sincera como su amor por el heavy metal…, sólo hacen que aumente su grandeza.

Himnos contemporáneos como «Córdoba», estuvieron perfectamente alternados con temas del aniversario como «Paseando Por La Mezquita» en una noche especial y extraña. Muchos de los presentes, llevábamos medio año sin acudir a un concierto y, dado que todos cumplimos las medidas de seguridad a rajatabla, lo hizo más emotivo y atípico. Y reitero: tanto la gente que fue a disfrutar del concierto como los agentes de seguridad, actuaron con el protocolo establecido y la dosis de responsabilidad que este momento requiere.

«Tierra De Libertad», fue uno de los mejores momentos de la velada, con Manuel Martínez conectando con el público a la perfección, moviéndose de lado a lado del escenario, abriendo sus brazos en cruz. Dicho tema, al igual que todo su homónimo álbum, transmite melodía, fuerza, mensaje…, en definitiva lo que siempre han ofrecido en disco y en directo.

No faltó tampoco el significativo «Trece Rosas», tema que homenajea a esas mujeres que perdieron la vida en el año 39 (debido a un despiadado fusilamiento que tuvo lugar durante la dictadura).

A partir de ahí, y siguiendo con la buena costumbre de tocar temas antiguos y recientes, siguieron cayendo varios imprescindibles en los que la voz se mantuvo a un nivel magnífico, así como el sonido que salía de la Les Paul negra, el pálido bajo, las atmosféricas teclas y los idóneos tambores.

Celebré el hecho de volver a la música en vivo y, hacerlo con Medina Azahara, banda que nunca me canso ni me cansaré de ver, hizo del sábado noche la post cena perfecta. De hecho, volví a casa escuchando al quinteto protagonista, con ganas de más (pues mejor no pudo ser).

Texto: Jorge Loarte.

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