«Wish You Were Here»: el clásico atemporal de Pink Floyd cumple 45 años

¡Comparte!

79 / 100 Puntuación SEO
Pink Floyd

Hay ciertas bandas en la historia de la música que nacen con un propósito que muchos sueñan con lograr a lo largo de su carrera. El caso de los británicos Pink Floyd es uno de los más notorios de la música contemporánea, y es que el cuarteto londinense es el perfecto ejemplo de solidez, robustez, persistencia, reivindicación, elegancia y experimentación en su máximo exponente. Hoy se cumplen cuarenta y cinco años del lanzamiento de una de las joyas de la corona, el atemporal «Wish You Were Here«, un disco que rompió todas las barreras de la música como ya hiciese dos años atrás el reverenciado «The Dark Side Of The Moon«, con el que sentarían las bases de una decadente década marcada por la revolución sexual, mensajes anti-belicistas, revueltas y el nacimiento de muchos y diversos movimientos culturales.

El álbum que hoy nos ocupa es una perfecta recopilación de todos aquellos sentimientos y pensamientos que poblaban la mayoría de las mentes de los seres humanos durante una época gris y tétrica, una disección simétrica y turbia de una sociedad que avanzaba a pasos agigantados y se llevaba por delante a todos aquellos que no se subían al carro del progresismo, y Pink Floyd era una de esas influyentes bandas que con diez años a sus espaldas y con ocho exitosos discos de estudio a sus espaldas – algunos más que otros, por supuesto – sabían capturar el mensaje que querían transmitir a todas aquellas personas que se oponían al consumo rápido y masivo de géneros como el funk o la música disco, cuyo objetivo era el de contentar a los oyentes con mensajes superficiales, ritmos pegadizos y el control de masas a gran escala.

Los británicos habían roto todo tipo de barreras en 1967 con el lanzamiento del rompedor «The Piper At The Gates Of Dawn«, su primera obra de estudio, un álbum transgresor que iba más allá de lo que se componía en aquella época – salvo algunas excepciones que enumeraré en otra ocasión – y que tuvo un gran impacto en la sociedad modélica del reino británico más purista y clasista gracias a la exploración de un género por entonces desconocido como es el rock psicodélico, explorando en los recovecos de este movimiento musical recién nacido junto a discos tan influyentes como «The Velvet Underground & Nico» de The Velvet Underground o «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» de The Beatles.

Gran parte del aura misteriosa que rodeaba a Pink Floyd durante sus primeros años era debido a la excentricidad de su guitarrista y vocalista, Syd Barrett, una figura indispensable en el desarrollo de aquella joven banda londinense que empezaba a despuntar en la escena y que abandonaría tres años más tarde tras el lanzamiento de su segundo álbum, «A Saucerful Of Secrets» (1968), al que substituyó un joven y rebelde David Gilmour que por aquel entonces había cumplido la veintena prácticamente. Aquel cambio sería la pieza necesaria para que la maquinaria del cuarteto continuase su camino en un género que no conocía límites, y sería la alineación que daría vida a los mayores éxitos de la banda hasta el lanzamiento del seminal «The Wall» de 1979, compuesta por Roger Waters al bajo, Rick Wright a los teclados y Nick Mason a la batería, además del mencionado Gilmour a la guitarra principal. Asimismo Waters, Wright y Gilmour alternarían su trabajo como vocalistas del conjunto, al menos hasta 1979.

La banda continuó explorando su sonido a finales de los sesenta y durante los primeros años de los setenta con lanzamientos reverenciados como «Ummagumma» de 1969, el imprescindible «Atom Heart Mother» de 1970 o el infravalorado «Meddle» de 1971, añadiendo una gran cantidad y variedad de elementos a su música que darían como resultado el nacimiento de una banda con identidad propia y que se alejaba de los cánones de la época gracias a su arriesgada propuesta y el ansia de ampliar su sonido con cada nuevo lanzamiento, dando como resultado en 1973 el lanzamiento de su obra maestra, «The Dark Side Of The Moon«, un álbum que conseguía unificar todos los elementos que habían dado forma a su sonido durante casi una década y que casaban a la perfección.

Quiero hacer especial hincapié, llegados a este punto, al lanzamiento de dos obras consideradas generalmente algo menores como son «Music from the Film More» de 1969 y «Obscured By Clouds» de 1972, ambos compuestos como banda sonora para dos proyectos del cineasta iraní Barbet Schroeder. El primero de los dos fue encargado por el propio Schroeder en 1969 una vez finalizada la grabación de su ópera prima, una cinta que narra el viaje del alemán Stefan durante un viaje a París donde acaba conociendo y enamorándose de Estelle, a la que sigue hasta la isla de Ibiza para descubrir una verdad oscura en la que ambos se involucran en el sórdido mundo de las drogas. La banda sonora fue encargada por el propio director y permitió que los británicos hiciesen uso de todo su potencial para dar vida a esta obra de culto que fue censurada en varios países en su estreno. Pink Floyd entrega una obra completa y detallada de su excentricidad elevado a su máximo exponente, un auténtico viaje sideral por la mente de cuatro alocados músicos cuyo horizonte parecía no conocer límites.

El mencionado «Obscured By Clouds» es la segunda colaboración de Pink Floyd con Schroeder, así como el segundo álbum que la banda graba para una película y, a la vez, la segunda película del director iraní. El resultado final de esta banda sonora es algo más oscuro y siniestro que el de «More«, además de dejar entrever cuál sería el futuro de la banda a partir de ese momento, haciendo más notorio esa sensación de crecimiento de la banda que les atraía cada vez más al negocio de la música que se acabaría explotando en «The Dark Side Of The Moon«. Tal fue el crecimiento del cuarteto en tan poco tiempo que con el estreno de su octavo disco de estudio – grabado en dos sesiones entre 1972 y 1973 – la banda llegó a alcanzar el puesto más alto en el Billboard 200 durante más de una semana.

El éxito masivo de «The Dark Side Of The Moon» también ayudó a que la banda trasladase conceptos como el envejecimiento, las enfermedades mentales – inspiradas por el deterioro mental de su anterior vocalista, Syd Barrett -, el conflicto o la moralidad de las personas a sus reivindicativas letras y su rompedor sonido, haciendo acopio de todos los medios posibles en 1973 como el uso de sintetizadores analógicos, loops o grabaciones multipista.

Pink Floyd se enfrentaba a un reto aún mayor en 1975 con «Wish You Were Here«: superar a su antecesor o morir en el intento. Los británicos no habían bajado el nivel en sus ocho años de carrera musical (diez desde su formación) y únicamente habían moldeado su sonido desde los primitivos inicios con «The Piper At The Gates Of Dawn» hasta el complejo entramado compositivo que supuso «Meddle» y «Obscured By Clouds«, discos que supusieron un punto de inflexión en la carrera del cuarteto londinense. Así pues, con el tiempo justo entre concierto y concierto, la banda empezó a concebir «Wish You Were Here» como un álbum conceptual escrito íntegramente por Waters como un manifiesto de los problemas que la banda llevaba arrastrando en los últimos años y que evoca directamente en el título del propio álbum, la falta de camaradería entre sus integrantes, que había ido desapareciendo a medida que la banda iba creciendo a nivel mediático.

La grabación de «Wish You Were Here» fue un auténtico infierno, según han descrito sus miembros en varias ocasiones, siendo equiparable (en parte) al infierno que sufrió el cineasta Francis Ford Coppola durante la grabación de su obra maestra «Apocalypse Now«, y es que ambas obras evocan el mismo sentimiento de desesperación y de agotamiento que sus perpetradores sufrían por aquel entonces. Los británicos se habían encomendado la titánica tarea de superar un álbum como «The Dark Side Of The Moon«, y el proceso de grabación fue largo y tedioso, hasta el punto de que los propios integrantes aborreciesen el proceso compositivo que fue agraviado por el repentino cambio de actitud de Mason tras su fallido matrimonio, que llegó a afectar a su forma de tocar incluso.

Las sesiones de grabación tuvieron lugar en los estudios londinenses Abbey Road, donde la banda ya había grabado su anterior álbum, pero se enfrentaron a graves problemas a la hora de encontrar a un productor que fuese capaz de hacer frente a la tarea de sonorizar el nuevo disco de los mundialmente conocidos Pink Floyd. El anterior productor con el que había trabajado la banda era Alan Parsons, que por aquel entonces ya había trabajado como ingeniero en «Atom Heart Mother» y «The Dark Side Of The Moon«, pero el productor había puesto en marcha su nuevo proyecto The Alan Parsons Project ese mismo año y no pudo ocuparse del nuevo disco de Pink Floyd, por lo que decidieron hacerse cargo ellos mismos de esa labor junto al ingeniero de sonido Brian Humphries y su asistente, Peter James.

Estos problemas no hicieron más que agraviar esa sensación de falta de camaradería entre sus integrantes y dio como resultado un álbum melancólico y nihilista en el que destaca la composición «Shine On You Crazy Diamond«, que está dividida en dos partes y cuya duración total es de veintiséis minutos. Dicho tema había sido compuesto como el tema más largo de la banda hasta aquel momento, pero tuvo que separarse debido a su excesiva duración ya que no tenía cabida en un solo lado de lo que el vinilo permitía. Pink Floyd dedicó este tema a la marcha de su anterior líder, Syd Barrett, que abandonó la banda debido a la fuerte crisis nerviosa que sufría debida al consumo de drogas que años atrás le había generado graves problemas mentales. Entre tanto, el propio Barrett se personificó en los estudios Abbey Road durante las sesiones de grabación de dicho tema, anécdota que los miembros han rememorado en varias ocasiones debido a la extraña sensación que sufrieron sus componentes cuando se dieron cuenta de que la desmejorada figura que había entrado en el estudio era su antiguo líder, por aquel entonces irreconocible debido al aumento de peso, además de llevas completamente afeitada la cabeza y las cejas.

Todos estos y otros contratiempos dieron como resultado un excelso lanzamiento que fue injustamente criticado por algunos medios especializados en su lanzamiento debido a los problemas que la banda empezaba a mostrar y que se veían claramente reflejados en «Wish You Were Here«, un álbum que irremediablemente convertiría al cuarteto en el centro de atención de todos los medios gracias a una composición perfectamente sincronizada con la que alcanzaría los primeros puestos en las listas de éxitos de Australia, Alemania, Nueva Zelanda, España, Reino Unido y los Estados Unidos, siendo certificado disco de platino hasta en seis ocasiones en los Estados Unidos y hasta siete veces en Australia. El álbum fue aclamado por la crítica alrededor de todo el mundo y se han llegado a vender hasta un millón y medio de copias en países como Francia, donde fue certificado diamante.

«Wish You Were Here» sería el último gran álbum del cuarteto antes del crepuscular «The Wall«, una obra que sería prácticamente compuesta por Waters y que supondría el final de una formación que se empezaba a resquebrajar en aquel lejano 1975 y que daría como resultado una de las rupturas más difíciles de la historia de la música, que a día de hoy aún sufrimos. Las mentes y almas de los cuatro legendarios músicos estaban en perfecta sincronización durante la década de los setenta y nos regalaron auténticas joyas de otro mundo como la doble «Shine On You Crazy Diamond» o la lúgubre «Welcome To The Machine«, una dura crítica al sistema musical de la época que daría como resultado una de las mejores secciones instrumentales de toda la carrera de los londinenses, protagonizada en su mayoría por las hermosas armonías de Gilmour y los sintetizadores EMS VCS 3.

Pero oh, hay que dedicarle un párrafo único y exclusivo a la que es la joya de la corona para un servidor, el tema que da título al noveno lanzamiento de Pink Floyd, una maravillosa y placentera «Wish You Were Here» que también serviría como tributo a Barrett y con la que la banda perpetraría una de las mejores baladas de la historia de la música. Gilmour fue el culpable de la composición del nostálgico riff que nos da la bienvenida a este esperanzador tema que nos cuenta el sentimiento de vacío debido a la ausencia de un viejo amigo, el tristemente desaparecido Syd Barrett. El propio Waters hizo los arreglos pertinentes tras oír a Gilmour tocar el riff en su guitarra de doce cuerdas y se lo presentó más tarde a su compositor para trabajar en lo que hoy conocemos como «Wish You Were Here«, un capítulo único en la historia del rock – psicodélico, progresivo, llamadlo como queráis – que nadie puede pasar por alto.

¿Hay alguien que no reaccione a un álbum tan perfecto como éste? Si es así, estoy seguro de que no es de este mundo. Mientras tanto, y en un día tan importante como hoy, desenterrad vuestra vieja guitarra y dad rienda suelta a esta maravilla, que no se cumplen cuarenta y cinco todos los días.

Tracklist «Wish You Were Here«:

01 – Shine On You Crazy Diamond (Part One)
02 – Welcome To The Machine
03 – Have A Cigar
04 – Wish You Were Here
05 – Shine On You Crazy Diamond (Part Two)

Podéis escuchar el álbum a través de Spotify:

Texto: Mario Marín.

No olvidéis leer nuestro especial sobre «The Wall» en el siguiente enlace:

Recordad que podéis echar un ojo a nuestra reseña del último directo de Roger Waters a continuación:

Deja un comentario

shares
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
error: Este contenido está protegido por derechos de autor. Si lo deseas, puedes solicitar a nuestro administrador una copia del contenido que necesites descargar. Gracias.
A %d blogueros les gusta esto: